ARIADNA Y DIONISIO: LA VICTORIA DEL AMOR

Dionisio (Baco para los romanos) fue el dios griego de las pasiones desenfrenadas que exigía locura irracional a sus seguidores. Sin embargo, cuando una mortal llamada Ariadna se cruzó en su vida, Dionisio se sumergió en una historia de amor entregado, sereno, sin excesos porque a todos nos sucede lo mismo: necesitamos amor y no adoración para transitar en nuestras vidas. Necesitamos un tipo de entrega que no subordine al ser amado a nuestra belleza, dinero o encanto. Necesitamos alguien que nos mire a los ojos con honestidad, sinceridad y un cariño infinito pero no que se subyugue a nuestros caprichos o encanto. Veamos cómo sucedió.

DIONISIO, EL DOS VECES NACIDO

Dionisio era hijo de Zeus y la mortal Sémele, se convirtió en el dios más proclive a los excesos, el liberador de las inhibiciones. En sus acciones se servía de las drogas, el vino o inducía a la locura. La historia de Dionisio es complicada antes incluso de nacer. Zeus había seducido a Sémele que estaba embarazada. La esposa de Zeus,  Hera… martirizada como siempre, se apareció ante Sémele, haciéndose pasar por una viejecita (como la bruja mala de Blancanieves) y la hizo dudar de la condición de Zeus. Sémele pidió a su amante que se revelara con toda su gloria y aunque él se resistió, termino cediendo. El despliegue de rayos, truenos y vientos provocó la muerte de la pobre Sémele carbonizada. Sin embargo, el más grande de los dioses olímpicos rescató el feto de su hijo se lo injertó en el muslo de su pierna hasta que terminó de formarse. Cuando estuvo a punto lo extrajo y se lo entregó a Hermes, que a su vez lo puso al cuidado de la tía del niño (por parte materna) a la que ordenó que lo criaran como si fuera una niña, a fin de ocultar su existencia a Hera el tiempo que fuera posible. Sin embargo, Dionisio ejerció un poder maléfico sobre su tía y los que la rodeaban y terminó por enloquecer a media familia. Antes de que el asunto fuera a mayores, Hermes decidió recuperarlo y entregárselo a las Ninfas del bosque que lo dejaron hacer a su antojo. El dos veces nacido (eso significa Dionisio en griego) provocaba pasiones desbocadas a medida que fue creciendo.

El dios Dionisio. Cerámica griega; siglo VI aC

El triunfo de Baco (Dionisio) de Nicolás Poussin, 1633

Dionisio no era un dios que sanara, ni consolara, ni diera riqueza, sólo prometía una vida absolutamente plena. Era el dios con mayor capacidad de seducción de todo el Olimpo, el de la entrega y el abandono; de la pasión adictiva y del desenfreno absoluto. Fascinante y atractivo para cualquiera que quiera acercarse a él. Tenía seguidores entre los centauros y los faunos. También los humanos lo adoraban, especialmente conocidas eran las ménades y las bacantes. Las primeras eran las ninfas que se encargaron de criarlo y que terminaron por convertirse en sus seguidoras fieles (completamente enajenadas). Las bacantes eran mujeres que habían perdido la razón bajo la influencia de Dionisio y recorrían el mundo con él. No era posible adorarlo de forma constante a menos que quisieras enloquecer permanentemente y perder todo lo que tuvieras. Dionisio alejaba la parte racional de los humanos, necesitaba ser domesticado y amado de verdad de una forma que lo hiciera sentir pleno.

ARIADNA, LA PRINCESA CRETENSE

Es aquí donde entra Ariadna, hija de Minos y Pasifae, hermanastra del Minotauro, al que ayudó a matar. Ella se había enamorado de Teseo, hijo del rey de Atenas. Con este enamoramiento no tuvo nada que ver Dionisio, sino más bien Afrodita. Cuando supo que el héroe ateniense iba a ser ofrecido como tributo a su bestial hermanastro no lo dudó, entregó al héroe un ovillo de lana que le ayudase a salir del laberinto una vez que hubiera terminado con la vida del Minotauro. Teseo ató el ovillo al inicio del laberinto se adentró en él y cumplió su misión: los tributos atenienses ofrecidos a Creta habían sido salvados. Ariadna lo esperaba a la salida. Los atenienses y la hermosa Ariadna se embarcaron en el barco que los había llevado a la isla y se dirigieron a su tierra, pero antes agujerearon todos los barcos cretenses para evitar que los siguieran. Parecía que el amor era pleno entre ellos y Ariadna no se arrepentía de su traición, Teseo la cuidaba y hacía sentir bien y así fue hasta que llegaron a Naxos y bajaron a buscar agua y provisiones. Allí Ariadna quedó dormida y Teseo la abandonó. Algunas leyendas dicen que ese abandono se produjo por orden divina; otros que porque Teseo en realidad estaba enamorado de otra mujer; también hay quien dice que se olvidó o que lo tacha de inconstante.

Teseo abandona Ariadna; cerámica siglo V

Cuanto Ariadna despertó sólo pudo ver cómo el barco partía y el corazón se le quedaba deshecho. No comprendía como podía sucederle eso ella que lo había dado todo, que se había entregado de esa manera. Ella que además estaba embarazada de Teseo. Permaneció en la playa un día tras otro, sintiendo la soledad, la nada, el abandono y sólo el sueño la salvaba. Fue uno de esos días cuando Dionisio llegó con su séquito enloquecido a la isla y se enamoró como no lo había hecho nunca. La observó mientras dormía y supo que no era él el objeto de sus sueños, que no lo amaba como hacían los demás, que no sentía esa necesidad de entregarse a él. Se tumbó a su lado y la beso, la besó varias veces con delicadeza, quería ser lo primero que Ariadna viese al despertar, quería sentir que lo amaba, pero la mujer no despertó. Dionisio se acomodó a su lado, en la playa, observando, durmiendo, sintiendo su calor, sin más.

Ariadna durmiendo en la isla de Naxos; J. Vanderyn, 1831

Pasó la noche y con la luz del alba la chica despertó, pero no estaba prendada de él. No se parecía a ninguna otra persona que hubiera conocido antes. Lo miró con serenidad y le habló de tú a tú, con afecto. Esa relación fue madurando hasta que Ariadna comprendió que lo amaba y él se sintió colmado, sabiendo que por fin una persona no perdía la cabeza por el mero influjo de su presencia, sino porque le gustaba como era. Dionisio continuó siendo salvaje, imprevisible, pero había una roca firme a la que se aferraba con fuerza: el amor de Ariadna.


Baco y Ariadna de Tiziano.1523 En esta se puede ver a Ariadna tras ser abandonada por Teseo, su barco se ve a lo lejos, siendo abordada por Baco, que queda enamorado de la mujer, a la que regalo la constelación Corona Borealis, que se puede ver posa sobre la cabeza de Ariadna.

Se fueron juntos de Naxos y la hizo su mujer, tuvieron varios hijos y él le fue fiel. Lo fue porque era la única que lo hacía feliz de pies a cabeza, porque no veía un dios, porque no enloquecía en su presencia, lo fue porque ella no tenía necesidad de él, sólo un amor incombustible y asentado. Dionisio regaló a su esposa una diadema obra Hefesto y después la colocó entre las estrellas. Hoy la conocemos como Corona Boreal. Logró que la mortal dejara de serlo y que olvidase al ingrato e inconstante Teseo a su lado.

LA INMORTALIDAD DE ARIADNA

Ariadna fue en el mundo antiguo el símbolo de la esposa feliz y metamorfoseada por Dionisos /Baco a través del casamiento. Este dios que regresó de la India encontrará, después de castigar a los que no creían ni respetaban su culto, una mortal con quién se casará y la conducirá al Olimpo donde ella disfrutará de una juventud eterna. Dando la inmortalidad a Ariadna, Dionisos abre una nueva posibilidad de supervivencia, la del amor de pareja. La historia de su vida, así como la de su muerte está, en las distintas versiones, marcadamente unida tanto a Teseo como héroe olímpico, como a Dionisos como un dios terrenal.

Los griegos no juzgaron la actitud de Teseo, un héroe, por otra parte, con muchas mas luces en su historia que sombras, como esta. Lo que sí hizo el mito fue destacar  el lugar especial ocupado por Ariadna en ese mismo mito, principalmente a partir del momento que Teseo la abandonó en la isla de Naxos  narrado en la literatura griega y latina: el monstruo híbrido (Minotauro), el laberinto, el héroe, el abandono de Ariadna por Teseo, el modo como la Princesa se acerca a la muerte y con ella al fin de su tiempo, y finalmente cómo se produce el encuentro de Dionisos con una Ariadna sufrida y desesperada y con quién al final ella se casa.

Dionisio lleva a Ariadna al Olimpo de los dioses donde disfrutaran de inmortalidad. Cerámica griega, siglo V a C

El mito de Ariadna y Dionisio siempre ha logrado reflejar una aspiración a la felicidad eterna, sin que la carga erótica que libera entre en contradicción con su naturaleza espiritual. Es verdad que hay amor carnal, deseo extático, simbolizado por las danzas frenéticas de los sátiros, por la agitación frenética de las ménades  y por el delirio sexual del cortejo que siempre acompaña a Dionisos, pero hay también límites porque el éxtasis amoroso es gobernado por Eros que intenta controlar la vitalidad exuberante del dios Pan.

La felicidad solo se puede alcanzar por la reciprocidad y en el reparto. La vía es conyugal; la unión de los cuerpos y de las almas desafía el desgaste del tiempo y el término fatal.

La unión entre Ariadna y Dionisos es un casamiento legítimo, una unión matrimonial sacralizada, y este es un rasgo esencial del mito que sirve de modelo para los simples mortales, aunque sea inimitable. La unión de Dionisos y de Ariadna es un modelo propuesto a todos los futuros esposos, pero para que sea un buen ejemplo tiene que ser aplicable a toda unión legal entre un hombre y una mujer.

 La unión entre un dios y una mortal tiene un significado cuyas consecuencias abarca  los planos antropológico, psicológico e incluso espiritual.

Al encuentro milagroso no suceden inmediatamente la hierogamia y la apoteosis. Ariadna se debe someter a pruebas, pasar etapas sucesivas para acceder a la beatitud dionisiaca. Más que nunca ella es por tanto el modelo de todas la mujeres que encontrarán la realización de su destino en el amor y preparan el acceso, a través de este acto, a una segunda vida.

Nada igual se ha compuesto nunca, ni sentido nunca, ni sufrido nunca: así sufre un dios, un Dioniso en la luz sería Ariadna … ¡Quién sabe, excepto yo, qué es Ariadna! … De todos estos enigmas nadie tuvo hasta ahora la solución, la respuesta a este ditirambo del aislamiento solar dudo que alguien sepa siquiera aquí descubrir algún día.

 

(La canción de la noche, Ecce homo, F Nietzsche)

BIBLIOGRAFIA:

-Teske; Robert T.: The Origins of the Goddess Ariadne (Los orígenes de la diosa Ariadna), 1970. Disponible online en Center for Helenic Studies.

-Mestica, G. S. (1998). Diccionario Akal de mitología universal (Vol. 8). Ediciones Akal.

-Llinares, Joan: Versiones de Ariadna. Nietsche y von Hormannsthal )2003) Levante Editori

-mitosyrelatos.com/europa/mitologia-griega-romana/dioniso-baco

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