Agatha Christie y la estética romántica de la arqueología

“Cásate con un arqueólogo, cuánto más vieja te hagas, más encantadora te encontrará”. Esta frase, atribuida a Agatha Christie, es la  forma ideal de encabezar el tema de este artículo; por cierto, estuvo casada 45 años con un arqueólogo…14 años más joven! Agatha Christie y la estética romántica de la arqueología es un homenaje a esta inolvidable mujer. Su obra se encuentra salpicada en muchas ocasiones de rasgos que tienen que ver con el mundo de la arqueología, desde lugares con un pasado histórico importante, hasta personajes que de un modo u otro se encuentran ligados al terreno arqueológico. Sus libros ambientados en  esta disciplina científica revelan su gran conocimiento histórico y de la metodología arqueológica.

Agatha Christie, la gran dama del misterio

  Mary Clarissa Miller, más conocida por Agatha Christie, nació el 15 de septiembre de 1890 en Wallingford, al sureste de Inglaterra, en el seno de una familia de clase media alta y liberal.  Novelista y dramaturga, mundialmente famosa, esta considerada como una de las grandes escritoras del género detectivesco. La estructura de sus tramas, basada en la tradición del enigma por descubrir, es siempre similar, y su desarrollo está en función de la observación psicológica. Escribió 74 novelas, 154 relatos cortos, 20 obras de teatro, 3 poemas y 2 autobiografías. El Libro Guinness de los Récords calificó a Christie como la novelista que más obras ha vendido de todos los tiempos. Se han vendido dos mil millones de copias, posicionándose sus trabajos como los terceros más vendidos en el mundo, solo por detrás de las obras de William Shakespeare y la Biblia. Según el Index Translationum, Christie es la autora individual más traducida con ediciones en al menos 103 idiomas.​ En 2013, su obra “El asesinato de Roger Ackroyd” fue elegida como la mejor novela de crimen de todos los tiempos por  la Asociación de Escritores de Crimen.

                                                                                                                                                             Con 17 años, en 1907, Agatha se fue con su madre a El Cairo, destino turístico habitual de los británicos ricos, ya que la salud de su progenitora se había deteriorado y el clima seco de la capital de Egipto resultaba beneficioso para ella. Durante sus tres meses de estancia en Egipto, Agatha no mostró gran interés ni por la arqueología ni por la egiptología, algo que si haría más adelante. A pesar de haber visitado la Gran Pirámide y algunos monumentos, en aquel entonces Agatha estaba más interesada en relacionarse socialmente para encontrar marido.

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La joven Agatha en Egipto

Mas tarde, en 1912, Agatha conoció a Archibald Christie, un oficial del ejército asignado al Royal Flying Corps. Fue un amor a primera vista. Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, Archibald fue destinado a Francia y durante una convalecencia se casaron en la Nochebuena de 1914 y el matrimonio hasta 1926 cuando se divorciaron, aunque ella conservo el apellido de su exmarido, Christie con el que mundialmente conocida.

Durante la guerra, Agatha se unió como enfermera  al Destacamento de Ayuda Voluntaria atendiendo a soldados heridos en un hospital en Torquay. El 1916 escribió su primera novela policíaca: “El misterioso caso de Styles”, que se publicó en Estados Unidos en octubre de 1920​ y en el Reino Unido el 21 de enero de 1921. En esta novela aparece por primera vez uno de sus personajes más famosos: el detective belga Hércules Poirot.

Dos años después de divorciarse, en 1928,  viajó a Estambul y de allí a Bagdad a bordo del Orient Express. Años más tarde, la escritora se inspiraría en este viaje para escribir en 1934 una de sus novelas más famosas, “Asesinato en el Orient Express”. Esta novela fue escrita en el Hotel Pera Palace de Estambul. En la actualidad, la habitación 411, en la cual se alojó Agatha Christie para escribir una de sus obras más famosas, está disponible para los turistas que quieran pasar una noche en ella. Por esa época es evidente que ya estaba muy interesada por la cultura de Oriente Medio y se codeaba con la sociedad inglesa que recorría  la región,  que nominalmente estaba supervisada por el imperio británico (hasta 1933)

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PRINCIPALES YACIMIENTOS EN ORIENTE PRÓXIMO

Los arqueólogos también se enamoran

Max Mallowan (1904-1978) fue un arqueólogo inglés, especializado en la historia antigua de Medio Oriente.  Pero también es conocido  por ser el  esposo de la escritora Agatha Christie, a la que conoció cuando ésta visitaba la excavación en Nínive invitada por Leonard Woolley en 1931, del cual Mallowan era ayudante. El amor surgió inmediatamente, el que ella fuera 14 años mayor no fue ningún obstáculo, y estuvieron casados hasta 1976, año de la muerte de la famosa escritora.

Mallowan realizó excavaciones fundamentalmente en las actuales Siria (Chagar Bazar, Tell Brak) e Irak (Nimrud, la Calah bíblica). En  1947,  Mallowan fue nombrado profesor de arqueología asiática occidental en la Universidad de Londres , cargo que ocupó hasta 1962. En 1947, también se convirtió en director de la Escuela Británica de Arqueología en Irak (1947-1961) y dirigió la reanudación de su trabajo en Nimrud  ( excavado por AH Layard 80 años antes), que publicó en Nimrud y sus restos (2 volúmenes, 1966).

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ORTOSTATOS ENCONTRADOS EN TELL BRAK, SIRIA 1932

Agatha Christie lo acompañó en la mayoría de sus expediciones​ y describió su vida en las excavaciones junto a su esposo en el libro titulado “Ven y dime cómo vives”, lleno de humor, ironía y agudeza. Si es  mundialmente famosa por sus novela de misterio, al menos en cuatro de ellas la trama se desarrollaba en Oriente Medio: “Asesinato en Mesopotamia” (1936), “Muerte en el Nilo”(1937), “Cita con la muerte”(1938) e “Intriga en Bagdad” (1951).

Portadas en castellano de las tres novelas de misterio ambientadas en el Oriente Próximo de los años 30

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Cita con la muerte (título original: Appointment with Death) es una adaptación cinematográfica de la novela homónima de Agatha Christie dirigida por Michael Winner en 1987.

 

 

Mallowan y Christie estuvieron casados 45 años, pero a la muerte de esta, en 1976,  el amor volvió a llamar a la puerta del viejo Max Mallowan.  Pues sí, asombrado lector, al año siguiente, Mallowan de 75 años se casó con Bárbara Hastings Parker  de 68 años. ¿Y a que se dedicaba Bárbara Parker? Oh sorpresa!  Era una arqueóloga, que había sido su epigrafista en Nimrud y secretaria de la Escuela Británica de Arqueología en Irak, y era muy amiga del matrimonio Mallowan-Christie.  Fue secretaria y bibliotecaria de la Escuela Británica de Arqueología en Irak desde 1950 hasta 1961, y su presidenta desde 1983 hasta su muerte en 1993. También fue profesora de arqueología  en el Instituto de Arqueología de Londres, desde 1961. Ella participó en las excavaciones de Nimrud bajo Max Mallowan, y también en Tell al-Rimah y Tell Brak.  En los honores de Año Nuevo de 1962, fue nombrada Oficial de la Orden del Imperio Británico  en reconocimiento a su servicio como secretaria y bibliotecaria de la Escuela Británica de Arqueología en Irak.

 

Ven y dime como vives

Come, tell me how you live  (Ven y dime como vives) se editó en 1946. Aunque no es un tratado de arqueología, Agatha Christie ofrece en él su propia visión de esta disciplina.  Para la reina de la novela de misterio, esta es la pregunta que la arqueología le hace al pasado: ‘Vamos, contadme ¿cómo vivíais?’. Las respuestas se obtienen “con picos y palas“. Las gentes de la Antigüedad hablan a través de los restos arqueológicos: “Estos eran nuestros utensilios de cocina”; “En este silo almacenábamos nuestro grano”; “Con estas agujas de hueso cosíamos nuestras tropas”…

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La famosa saga y espectacular saga cinematográfica de Indiana Jones ha dado una idea maravillosa de la arqueología pero fantástica. La realidad siempre fue otra. En línea con los grandes arqueólogos de la época, Mallowan huyo de la imagen de buscador de tesoros, la que en realidad atraía al gran público: Ocasionalmente encontraban un palacio real, a veces un templo, mucho más raramente un enterramiento real. Estas cosas eran muy espectaculares. Salían en los periódicos y en titulares, pero no eran el interés principal de la arqueología, que se ocupaba de la vida cotidiana del antiguo ceramista, del granjero, del artesano… de la gente normal. La que conoce Christie es una arqueología todavía en formación, aunque ya metódica, y descriptiva, que se limita a reconstruir el pasado, pero todavía no se preocupa por explicar la evolución de las sociedades.

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AGATHA CHRISTIE EN MEDIO DE LAS EXCAVACIONES

Como explica Christie, el yacimiento a excavar se decide durante una breve precampaña. El objetivo es excavar un tell, esas colinas artificiales, que una vez extraída la tierra amontonada a lo largo de los siglos surgen los yacimientos formados por sucesivas etapas de ocupación, a lo largo de siglos y milenios. Mallowan busca sitios habitados en periodos más antiguos. Varios yacimientos espectaculares con restos romanos eran desechados tras un vistazo por demasiado recientes. El grupo revisaba decenas de montículos en unos pocos días. Los recorrían a pie, buscando restos en la superficie que daban alguna pista cronológica. “Empiezo a entender por qué los arqueólogos tienen el hábito de caminar siempre mirando al suelo”, anota divertida la autora.

En cada zona había decenas de tells.  Desde lo alto de cualquiera, “una puede contar hasta sesenta“. Aquí, hace unos 5.000 años, nació la civilización y aquí, encontrado por trabajadores, hallan  trozos de cerámica hechas a mano, decoradas con un diseño de puntos y cruces. En cada uno de estos montículos, que ni siquiera figuran en los mapas arqueológicos, recogían piezas que encontraban en superficie: trozos de cerámica y alguna figurita de barro.

Los trabajadores eran reclutados en los pueblos de alrededor. Algunos caminaban hasta 10 kilómetros cada día para acudir al tajo. Eran entre 200 y 280. El número siempre fluctuaba por enfermedades, expulsiones temporales por mal comportamiento o ausencias sin explicación. Mallowan los repartía en cuadrillas por grupos étnicos y aldeas, dirigidas por los capataces de confianza. Separar a los trabajadores por etnias no era un capricho: árabes, kurdos y armenios tenían problemas de convivencia y cualquier roce o malentendido desencadenaba una pelea. Mallowan, que hablaba árabe con fluidez, tenía una relación cordial con los capataces y los trabajadores veteranos: “Envidio cuando les oigo bromear y reírse, me gustaría entender la conversación”, escribe Christie, que solo puede comunicarse con gestos, frases de cortesía y órdenes sencillas en árabe.

La excavación se realizaba mediante grandes trincheras y cuadros. La idea era abrir cortes que mostraran los diferentes niveles de ocupación del tell. Se trabajaba en la base, la parte que contuviera los niveles más antiguos, no en la ‘cima’. Los trabajadores se organizaban en grupos con picos y palas, y cada uno tenía asignados dos o tres chicos que extraían la tierra en capazos para arrojarla a una escombrera improvisada. Los restos arqueológicos eran extraídos sin más y llevados al laboratorio, donde Agatha Christie los clasificaba o los fotografiaba si eran de gran interés. Cuando se encontraba algo especial, un grupo de cerámicas en posición, los huesos de un enterramiento, estructuras de adobe, el capataz del grupo detenía el trabajo y avisaba a Mallowan, que se encargaba de extraerlo con su cuchillo. En estos casos, el hallazgo era fotografiado in situ por la escritora, dibujado y recibía una entrada específica en el diario de la excavación, antes de ser extraído.

10 Carchemish_excavations_(early_1910's)De vez en cuando aparecían enterramientos romanos y árabes, “claramente intrusiones“, como anota Christie. Para evitar herir la susceptibilidad de los trabajadores musulmanes, se les decía que todos eran romanos. Pero algunos peones no eran tan tontos. Pero en general se lo tomaban con humor  riéndose del asunto: “¡Es a tu abuelo a quien estamos excavando aquí, Abdul!”, “¡No, es el tuyo, Daoud!”, bromeaban a carcajada limpia (Que diferencia con el integrismo actual).

Agatha Christie escribe: “La excavación es un éxito: Toda la base del tell ha resultado ser prehistórica. Hemos realizado un corte profundo en una parte de la colina desde arriba hasta el suelo virgen. Esto nos ha dado quince niveles sucesivos de ocupación de los que los diez inferiores son prehistóricos. El lugar fue abandonado a partir de 1500 aC”. Los hallazgos notables eran recompensados con una propina, bakhshish, que se repartia al final de la jornada y se sumaba a la paga fija, que se entregaba semanalmente.

Cuando las excavaciones  finalizaban, llegaba el momento más duro para ellos: dividir la colección de hallazgos en  lotes iguales. El alto funcionario  de Servicios especiales del gobierno decidía qué lotes se quedaba en Irak (Un país independiente desde 1931), y cuales podían trasladar al Museo Británico (La mentalidad colonialista británica parece que todavía no les había abandonado).    Después tocaba hacer las maletas y volver a casa. Christie escribe: “Hoy he dicho a Max: Estoy pensando, estimado, que esta es una forma muy feliz de vivir”. Años después, Agatha Christie se lamentó ante su marido de no haber podido estudiar arqueología en su juventud. “¿Pero no te das cuenta de que en este momento tú sabes más de cerámica prehistórica que cualquier otra mujer de Inglaterra?”, le respondió él.

Aquellos maravillosos locos y su pasión

 La arqueología que conoció Agatha Christie, fue posible gracias el ímpetu denodado y valiente de los arqueólogos del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX  sacó a la luz las civilizaciones de Oriente Próximo:  Sumeria, Asiria, Babilonia, Anatolia, Fenicia y Canaán (No podemos citar la inconmensurable arqueología de Egipto y “sus” arqueólogos, pues merece otro artículo por si sola).  Gracias a estos eruditos, tenaces, y obstinados  hombres y  mujeres, miles de hallazgos de hasta 6500 años de antigüedad salieron a la luz en aproximadamente en 120 años. La lista es larga: Giovanni Battista Belzoni, Paul Émile Botta, Austen  Layard, Hormuzd Rassam, Henry  Rawlinson, George Smith, Robert Koldewey, Walter Andrae, Gertrude Bell, Reginald Campbell Thompson, Frederick Kenyon, Leonard Woolley,  Margaret Murray, Ernesto Schiaparelli, André Parrot, Edward Hincks, Thorkild Jacobsen, Kathleen Kenyon, Buenaventura Ubach, William  Albright, Bruno Meissner… y muchos más. Cada uno tiene una biografía fascinante, aconsejaría a todo apasionado o curioso por el tema se interese por cualquiera de estos nombres, no le defraudará.

El testimonio escrito que dejaron  en sus obras con las relaciones de sus descubrimientos, yacimientos, palacios, templos, piezas, tesoros, más sus conclusiones,  contextos, cronologías,  significado artístico o histórico etc. es inconmensurable.  Se necesitarían algunas decenas de años para leer la ingente cantidad de bibliografía, depositadas en los archivos del Louvre, British Museum, Museo Oriental de Berlín y en el Instituto Oriental de Chicago.

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        El proceso arqueológico llevado a cabo en el siglo XIX: Extracción, transporte y colocación en el museo (En este caso los trabajos de Henry Layard para el British Museum de Londres)

 

 

Un descubrimiento es un acto único, irrepetible, solo sale a la luz una vez. De la euforia del encanto estético ante la vista de Nínive, Calah, Babilonia, Susa, Nippur, Ur, Halaf, Ugarit, Mari, Ebla, Jerusalen, etc. escudriñada bajo un baño de luz, la topografía mental del  arqueólogo se envuelve de  poética: es un gozo de naturaleza diferente, «más puro y más sublime», en el que la contemplación se vuelve melancolía justamente en aquel umbral crepuscular que subraya y refuerza el misterio del tránsito, del día y de la vida.

La arqueología intentaba, a la misma vez, abandonar los esfuerzos de la imaginación europea de proyectar y especular sobre estas sociedades y, a partir del desciframiento de las lenguas cuneiformes, emprender una campaña para su conocimiento científico. Sin embargo, en este periodo, la tarea de la disciplina fue llevada a cabo a partir de difusas intersecciones entre la búsqueda de una reconstrucción del pasado histórico, las necesidades de los estados europeos  de categorizar  y analizar todos los descubrimientos y la necesidad de la confirmación empírica de la narración bíblica aunque esta ya no era el motor principal. Ahora se trataba de analizar las antigüedades asirio-babilónicas y considerar los descubrimientos como parte de estudios históricos, artísticos y antropológicos de las sociedades antiguas.

A partir de los años 50 del siglo XX el trabajo arqueológico  pudo favorecerse y reforzar su perfeccionamiento con la ayuda de numerosos avances técnicos susceptibles de ser aplicados en Arqueología, por ejemplo los provenientes de las ciencias naturales: la sedimentología; la datación por dendrocronología  y la palinología. La prospección aérea  comienza también su desarrollo en aquella época. Y entonces llega la “piedra filosofal”, o casi; la datación por Carbono 14, desarrollada por William Libby entre 1945 y 1949. Las técnicas siguieron avanzando: el refinamiento del sistema de excavación cuadricular por coordenadas cartesianas y siguiendo los estratos naturales.  En los 60 el descubrimiento de la cronología isostática para las playas fósiles; los descubrimientos paleoantropológicos de Louis Leakey; el desarrollo de la tipología por cálculos matemáticos; la aplicación de los estudios de microfauna. Y a partir de los 70 llega la matrix de Harris que se compone por un conjunto de casillas rectangulares en un intento de definir los principios de la estratigrafía arqueológica, es decir, en situar las unidades estratigráficas en su orden secuencial relativo. Se puede afirmar  que  la arqueología   en las últimas  décadas no tiene nada que ver con la arqueología desarrollada anteriormente. A partir de los 70  pasó a denominarse Ciencia Arqueológica. La prehistoria y el mundo antiguo fueron objeto de estudio en todos los rincones del planeta.

 

El mundo es un museo al aire libre

Hoy en dia, al igual que le pasó a Agatha Christie, las piedras y todo objeto del pasado  conversan con nosotros. No estoy exagerando ni desvarío al afirmar esto. Nuestras ciudades, pueblos y campos están llenas testimonios materiales  que representan el desarrollo humano. En la actualidad, la arqueología y nuevas tecnologías van en la misma dirección, lo que ayuda a los arqueólogos a realizar nuevos descubrimientos que pueden ser completamente diferentes al pasado que ya conocemos.  La Arqueología ha extendido sus campos cronológicos, creando, a partir de los años 90 la Arqueología Medieval, la Arqueología de la Edad Moderna y la Arqueología Contemporánea o Industrial. La arqueología, alcanzó su madurez hace 30 años, se le considerada definitivamente una ciencia histórica autónoma;​ es decir es una de las distintas disciplinas históricas. Su principal objetivo es el estudio de los cambios en la organización social, así como la diversidad del comportamiento humano (económico, político, ideológico) en el pasado.

A principios del siglo XXI aún quedan muchas cosas por descubrir. El comienzo y el desarrollo de las civilizaciones se podrá saber con bastante exactitud gracias a la relación entre arqueología y nuevas tecnologías. Esta estrecha relación está provocando que se descubran nuevos datos que varían la cronología de diferentes acontecimientos, y que han sido transcendentales a lo largo de nuestra historia, una concepción diferente de lo que se pensaba hasta ahora.

Afortunadamente la mayoría de las autoridades políticas, se han dado cuenta del poder económico que tiene un descubrimiento. Afirman “Es muy importante proteger y cuidar nuestro legado cultural”. (Y se puede sacar rédito electoral, añado yo). En todo caso, y es lo importante, es que por todo el mundo se promueven leyes a favor de la protección del patrimonio arqueológico.

El patrimonio arqueológico no está formado únicamente por los yacimientos arqueológicos. Es mucho más amplio, lo forman  los bienes muebles o inmuebles de carácter histórico, susceptibles de ser estudiados con metodología arqueológica, hayan sido o no extraídos y tanto si se encuentran en la superficie, en el subsuelo, o en el mar (arqueología subacuática). Forman parte, asimismo de este patrimonio los elementos geológicos y paleontológicos relacionados con la historia del hombre y sus orígenes y antecedentes. En definitiva, el patrimonio arqueológico se podría definir como todo tipo de bien de carácter histórico que represente la actividad humana y que para su estudio o recuperación sea necesario un trabajo arqueológico.

Si Agatha Christie contemplase la arqueología actual, con todos sus avances tecnológicos, posiblemente nos seguiría diciendo que el desgaste del tiempo, con su dulce violencia, hace revivir la piedra en su masa y en la luminosidad de su textura, en su pátina y en sus reflejos. En otros términos, cuando el trabajo del tiempo acentúa las líneas de fuerza arquitectónicas, los ángulos, los perfiles, los contornos, iluminando sus proporciones, las figuras y la esencialidad morfológica que marcan aún más incisivamente el ritmo de las formas y los movimientos. En este conflicto que opone la resistencia del material y del alma de la geometría a la negación del tiempo, el deseo de eternidad a la amenaza de la muerte, la naturaleza sigue recogiendo su presencia en torno al templo en ruinas, cuando aún no es un montón de escombros, cuando aún, en el umbral de su existencia, se intuyen sus líneas y sus formas.

  Si un yacimiento, monumento o  pieza que ha desafiado los siglos es todavía un objeto estético, además de altamente ético, por supuesto, es porque  se conserva en su esencia. Su significado es más importante que su  forma acabada o por el material que ha sido hecho. “Pasajero, cualquiera que tú seas, no pongas tu atención, no tu cuidado en este lugar triste y arruinado, ni en estos frontispicios, restos de sus caídos edificios, que antes fueron hermosos y habitados,  y ahora ya derribados,  sirven de madriguera, al sapo horrible, a la culebra fiera” (Paul Ricoeur,  La mémoire, l’histoire, l’oubli, 2000).

 

BIBLIOGRAFIA:

-Cameron, George G. “Sir Max Mallowan, 1904–1978: [Obituario]”, La Arqueología Bíblica, Vol. 42, No. 3. (verano 1979), pp. 180–183                                                                                          -Christie Mallowan, Agatha. Ven, Dime Cómo Vives: Una Memoria Arqueológica. (1946) Reimpresion por Vintage&Ebury, Nueva York: 1983,                                                                     -Mallowan, Max: Memorias de Mallowan. NY: Dodd,&Mead  1977,  Reimpresion: Memorias de Mallowan: Agatha y el Arqueólogo. NY: Harper                                                     -Zehren, Eric: Las colinas bíblicas. Círculo de Lectores 1969                                                      -Lull, Vicente; Ética y Arqueología, Trabajos de Prehistoria, 2007

Web:    historia.nationalgeographic.com.es/a/agatha-christie-gran-dama-misterio_14680

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