12.-EL REY SALOMÓN

UN MITO QUE NO DESVELA SUS SECRETOS

        “Todo lo que oímos es una opinión, no un hecho. Todo lo que vemos es una perspectiva, no la verdad.” Esta máxima es del emperador-filósofo romano Marco Aurelio, y es una pauta válida hoy día, que  debería  regir cualquier estudio de todo investigador histórico, a pesar de la antigüedad de la frase.

         Según la Biblia la época del reinado de Salomón (970-930 aC.) constituyó el momento de máxima gloria en la historia del pueblo judío, el “elegido por Yahveh”, un momento para ser recordado por milenios. Salomón está considerado como el  rey más importante  que Israel haya tenido, célebre por su sabiduría, riqueza y poder. Construyó el Templo de Jerusalén, y se le atribuye la autoría de los libros Eclesiástico, Proverbios y Cantar de los Cantares. Sin embargo, en los últimos años de su reinado fue idólatra, abandonando la adoración exclusiva a Jehováh.

   Durante el reinado de Salomón, el imperio israelita se convirtió en una destacada potencia internacional. El rey aprovechó su prestigio para ampliar su influencia en los estados vecinos mediante el uso de medios diplomáticos. Salomón selló el tratado con el rey Hiram de Tiro, afianzando la alianza iniciada por David. Uno de los beneficios del tratado consistió que Hiram proporcionó a Salomón madera de los famosos cedros del Líbano para sus obras, así como artesanos cualificados que talaron los árboles y los transportaron por mar. Aunque en tiempos de Salomón ya estaba en decadencia Egipto, seguía siendo un país prestigioso. El hecho de que el faraón considerara que valía la pena conseguir la amistad con Israel muestra la considerable influencia internacional alcanzada por Salomón.


La reina de Saba visita l corte del rey Salomón en una escena imaginada por el pintor británico Edward Poynter.  (HERITAGE IMAGES, GETTY IMAGES)

      Su reinado fue recordado como un período de paz y prosperidad en la que “Judá e Israel vivieron tranquilos, cada uno bajo su parra y su higuera, desde Dan hasta Beer-Seba”(1 Reyes 4:25)

   Cuando fue entronizado, a Salomón le fueron otorgados sabiduría, conocimiento, la facultad de distinguir moralmente el bien del mal y una comprensión total del universo. En I Reyes 3:4-14 se relata cómo Salomón, tras ofrecer sacrificios en Gabaón, recibió la visita de Yahveh en sueños que le dijo: “Pide lo que quieras que te dé.” El rey, tras una larga meditación, le responde: “Concede, pues, a tu siervo un corazón prudente para gobernar a tu pueblo y poder discernir entre lo bueno y lo malo.” A lo que Yahveh, asombrado porque Salomón pidiese sólo tal cosa, le dice: “Te daré un corazón sabio y perspicaz, tal como antes de ti no haya habido otro como tú, ni después de ti aparezca otro semejante.”

El Reino de Salomón en su máxima extensión, según la Biblia

   A partir de este hecho, la tradición extrabíblica ha atribuido a Salomón  estar en posesión de toda la sabiduría, conocimientos y virtudes habidos y por haber. Su figura ha trascendido a lo largo de los siglos para configurarse incluso en el terreno del paganismo, la magia y el conocimiento hermético. Los templarios ocuparon las ruinas de su templo; los francmasones aseguran ser los herederos de sus conocimientos; para los cabalistas es su principal maestro y su sello es uno de los talismanes más potentes que ha llegado a nuestros días. Si consideramos la magia entendida como “la ciencia o el arte que, mediante poderes ocultos, enseña a hacer cosas extraordinarias y sobrenaturales”, entonces Salomón fue un gran mago. El arte de la magia ya era, desde antiguo, práctica del pueblo hebreo y su origen se alimenta, en primer lugar, de fuentes egipcias y, posteriormente, de asirias y babilónicas. Salomón es, sin lugar a dudas, uno de los personajes más apasionantes de cuantos son citados en la Biblia. De hecho, su fabulosa estela ha trascendido como la de ninguna otra figura bíblica el texto sagrado para echar raíces en el terreno del paganismo, la magia y el conocimiento hermético, pero… ¿quién fue realmente Salomón?

Salomón, ¿un faraón egipcio?

   El historiador y escritor británico Ralph Ellis, apoyado por muchos egiptólogos, afirma que el rey Salomón fue en realidad el faraón  Shoshenq I que gobernó Egipto e Israel en el siglo X aC. [1]                   

   La Biblia informa que las legendarias minas del rey Salomón,  ayudaron al gobernante bíblico a acumular   oro por un valor actual de más de 2.300 millones de libras esterlinas (3.000 millones de dólares). Pero serían un mito según el  experto británico, que asegura tras 20 años de investigación sobre la historia de este personaje bíblico, que la legendaria fuente de la increíble riqueza de un Salomón judío nunca existió. Y aún mas, sugiere que Salomón ni siquiera era rey de Israel, sino, de hecho, un faraón egipcio cuya historia ha sido malinterpretada.

  En su libro Ellis ironiza con que encontrar las minas perdidas de Salomón es “casi tan probable como darse un baño en la Fuente de la Juventud”. Su estudio, que comenzó en 1997, denuncia firmemente que Salomón no era un rey rico de Israel en absoluto, sino más bien el temido faraón egipcio. Se dice que el Rey del Antiguo Testamento había reunido  toneladas de oro puro de las minas, lugares que algunos creen que todavía existen y están rellenas de metales preciosos. Pero los expertos ahora afirman que no hay restos de esta increíble riqueza. Para el investigador, los cuentos de las riquezas asombrosas enterradas debajo de la tierra son probablemente una “mala y grosera interpretación” de textos históricos. Considera, sin embargo, que hay algo de verdad histórica en la espectacular riqueza de Salomón, pero su magnitud fue mucho menos legendaria y fue “profundamente enmendada y oscurecida por los escribas bíblicos”. Ciertamente, existía una dinastía  rica y poderosa, tal como dice la Biblia, pero no eran simplemente reyes israelitas y su capital no estaba en Jerusalén. La razón de esta leyenda podría ser que las historias de los faraones eran consideradas desagradables e inaceptables por autores bíblicos posteriores, quienes alteraron su historia para crear un héroe puramente israelita. Además, el historiador británico opina que los gobernantes vecinos saquearon las tumbas reales ubicadas en el Valle de los Reyes de Egipto y presentaron las riquezas a Salomón como tributo para prevenir la invasión.

      Según el Antiguo Testamento, Solomon gobernó la Monarquía Unida de Israel y Judea entre 970 y 931aC y acumuló 500 toneladas de oro puro. Se dice que sus minas de oro estaban  una región llamada “Ophir”, pero la Biblia no da más detalles y su ubicación exacta sigue siendo un misterio. “Llega un momento en el que debemos aceptar que el relato bíblico es enteramente ficticio, o que podemos estar buscando en el lugar equivocado y por las razones equivocadas. Generaciones de teólogos y arqueólogos han explorado la Tierra Santa en busca de su capital, el palacio, el templo y la riqueza sin ningún éxito”, dijo el historiador. Ellis sugiere que los reyes Salomón y su padre David eran de hecho los faraones Psosenes II y su sucesor, Shoshenq I, que gobernaron el imperio egipcio en expansión en Israel toda Canaan en siglo X aC.[2] “Hay paralelismos convincentes entre David y Solomon, y Psusennes y Shoshenq. Incluso los antepasados y miembros de la familia de estas dos dinastías reales parecen ser exactamente los mismos. Una vez que aceptamos que estos reyes israelitas eran en realidad faraones del Bajo Egipto, todas las inconsistencias en los relatos bíblicos son fácilmente explicables”.

    Los copistas de la Biblia son tan toscos que ni siquiera tienen inventiva. Los textos atribuidos al sabio Salomón que aparecen en el libro de los  Proverbios son en realidad la traducción al hebreo de Las Enseñanzas de Amenemope[3]. El conocimiento de Egipto que se refleja en la Biblia es el resultado de los contactos realizados en esta época, y se consideran suficiente prueba literaria de estos vínculos los fragmentos de las Instrucciones de Amenemope que aparecen en el Libro de los Proverbios.

 Según esta teoría, la monarquía unida judía del siglo X aC fue en realidad  la misma que la monarquía del Bajo Egipto de la dinastía  XXII. Si bien esta declaración en sí misma representa una importante reevaluación tanto de la historia como de la teología, esta evidencia también trae consigo otra revelación dramática.

REPRESENTACIÓN DE UN FARAÓN EN SU TRONO

 Se han realizado varias excavaciones sobre esta época en Egipto a lo largo de los años. Una de ellas descubrió una  serie de momias reales en Deir el-Bahri, cerca de Tebas, mientras que la expedición de 1939 de Pierre Montet descubrió algunas tumbas magníficas e intactas dentro del recinto del templo en Tanis del siglo X aC. La última de estas tumbas contenía los sarcófagos intactos de los faraones Psusennes y Sheshonq. Por lo tanto, sería completamente plausible que los magníficos sarcófagos de plata maciza, todos ahora exhibidos  en el Museo de El Cairo,  sean  las momias de los bíblicos David, Salomón, Joab, Hiram, Roboam, e incluso, por qué no, la mismísima reina de Saba citada en la Biblia.

    “Salomón fue yerno de Faraón, rey de Egipto; tomó la hija de Faraón y la llevó a la Ciudad de David, mientras terminaba de construir su casa, la casa de Yahveh y la muralla en torno a Jerusalén.  Con todo, el pueblo ofrecía sacrificios en los altos, porque en aquellos días no había sido aún construida una casa para el Nombre de Yahveh”. (1 Reyes  3:1,2)

   De las 700 mujeres que supuestamente tuvo Salomón, a la única que se menciona, y no por su nombre (dato importante), es la “hija del faraón”. Esta es una  gran incongruencia ingenua donde las haya porque era imposible que Salomón, un rey extranjero, se casase con la hija de un faraón. En Egipto jamás dejaron a las “hijas del faraón” casarse con nadie fuera de la familia, cuanto menos con extranjeros, pues ellas eran las que transmitían la legitimidad del trono. Por consiguiente, para que el reinado de un faraón fuese legítimo, debía casarse necesariamente con la “hija del faraón”. Con ello se aseguraban que el trono quedaba siempre dentro de la familia y en manos egipcias, explicando de paso por qué los faraones se casaban con hermanas.

    Pues bien, si en este pasaje sustituimos a Salomón por Shoshenq y a David por Psosenes, leemos una realidad histórica: Efectivamente, Shoshenq I, como buen faraón, se casó con la “hija del faraón”, es decir, su hermana. La llevó a la Ciudad de su padre, Pi-Ramsés, hasta que terminó de construir su propio palacio en Menfis junto al Templo de Ptah.

EXTENSIÓN TERRITORIAL DE EGIPTO

    Si estos reyes bíblicos se demuestra que fueron  faraones egipcios, este sería uno de los  cambios más grandes y revolucionarios en nuestras percepciones de la historia y la religión que haya habido desde el comienzo de la civilización occidental. Ciertamente,  la   cantidad de evidencias que se aportan  sugieren que esta tesis puede ser posible; y  lo que está en juego aquí es embarazoso, ya que entonces millones y millones de cristianos, judíos e incluso musulmanes a lo largo de dos milenios habrían sido completamente  engañados por unos pocos escribas judíos de los siglos V a II aC, que deliberadamente manipularon los relatos para alterar la historia.

   Pero siguiendo la escuela  sofista, ahora defenderemos otra perspectiva con argumentos convincentes también. En realidad, Salomón pudo haber sido un rey Asirio, y que precisamente  esta posibilidad sea el motivo que aparezca con tanto interés  en este libro.

Salomón, ¿Un rey  o incluso un dios asirio?

        La ciudad  asiria de Kilizu, está hoy sepultada en el tell de Qasr Shamamok entre Mosul y Erbil, al norte de Irak. Situada entre las capitales asirias de Assur y Nínive, con un puerto fluvial, controlaba el paso por tierra y por el río, erigiéndose como un centro estratégico, que también debería ofrecer un lugar donde la corte imperial podía detenerse durante los desplazamientos entre las grandes capitales asirias.  

   Dos ladrillos con textos cuneiformes inscritos a mano fueron hallados en el año 2012  en dos de los puntos más distantes entre sí, al el suroeste y el noreste del tell, con los nombres de los emperadores que ordenaron la reforma de la ciudad; atestiguan que los reyes Adad-Nirari I, en el siglo XIV aC, y Senaquerib, siete siglos más tarde, estuvieron en Kilizu y se preocuparon por esta ciudad.

   Un año antes, en 2011 se encontró, fuera de contexto, sin duda, otro ladrillo de terracota estampillado,  que indicaba que pertenecía al templo de  Shulmanu, el dios babilónico y asirio de la guerra y la fertilidad, que decía que su construcción fue ordenada por el emperador Salmanasar I, hijo de Adad-Nirari I. Una tablilla inscrita, archivada en  el museo arqueológico y etnológico de Erbil, desenterrada no se sabe cuándo, corrobora que este emperador ordenó la construcción del templo.

El nombre de Salmanasar  o Shalmanezer significa, literalmente, Shulmanu asharedu que, en asirio, se traduce por “Shulman es el primero“. Etimológicamente el nombre hebreo “Salomón” también procede del nombre de dicha divinidad. 

      La historia bíblica de Salomón comienza con  una racionalización del nombre tradicional de una ciudad que lleva el nombre de Shulman, el dios encontrado en fuentes mesopotámicas como Shelmi, Shulmanu o Salamu. En la Biblia hebrea original, “Salomón” no tiene termina en “n”; esta letra se agrega en la Septuaginta griega en el siglo III aC.

   El símbolo más conocido mundialmente de Israel, la estrella de seis puntas, tiene un origen mesopotámico. Efectivamente,  la estrella de seis puntas (hexigrama), fue utilizada por los antiguos sacerdotes y astrólogos sumerios, y más tarde utilizada por Ba’al, y en la adoración Moloch en el antiguo Imperio acadio (c. 2334-2154 aC.), finalmente fue adoptada por Salomón, conociéndose como el Sello de Shulman (Salomón)  

  Philip Davies (En busca del antiguo Israel, 1992) escribe:

  “Obviamente hubo un siglo X aC, pero lo que nadie ha podido demostrar aún es que todos los reyes llamados David y Salomón vivieron… o en cualquier otro momento, a menos que David se refiera a Adad (Adad-nirari) y Salomón significa Shulman (Salmanasar), reyes asirios que reinaron sucesivamente en el siglo XII.  El propósito mítico del “rey” Salomón es construir y consagrar el templo para establecer que Jerusalén había sido asociada con un gran templo.  El templo de Salomón a Jehovah realmente no existía: el templo era del “dios Salomón” (Salem, Shalma), pero, después de haber sido destruido por los babilonios, los judíos podían decir administradores persas que siempre había sido el templo de Jehovah. Nadie  podía negarlo porque sucedió hacia unos ciento diez años. Por lo tanto, el “segundo templo” del siglo V aC establecido por las judíos que regresaron de Babilonia no fue el segundo templo dedicado a Jehovah,  sino en realidad, fue el primero”.

Rey Asirio (Wall panel, relief, Neo-Assyrian, North West Palace)

   Lo cierto es que en la Biblia, Salomón tiene los poderes de un rey mesopotámico: es un Melquisedec[4], a cargo del sacerdocio y la adoración. Dirige la consagración del templo como Sumo  Sacerdote y bendice a la comunidad Qahal o congregación sectaria. Pero Salomón no puede escapar de la fatalidad de las leyes acordadas con Dios, y ni siquiera él puede evitar sucumbir a la tentación de la apostasía y es castigado  (1º Reyes cap.11).

    Todo  orden procedimiento para la construcción del templo (la  decisión del rey, la confirmación de Dios, la obtención de materiales y mano de obra, la planificación de la construcción, la inauguración y la oración del rey, todo ello descrito  en 1 Reyes capítulos del 5 al 8)  es el mismo procedimiento común atestiguado en Mesopotamia desde el rey Gudea de Lagash (III milenio aC) en adelante. Como era una práctica común, no se atestigua nada en las fuentes históricas, sobre este templo en particular. Así que el templo de Salomón existió, pero pudo haber sido un templo pagano para un dios asirio llamado Shelmu o Shulman!

Las cartas de El-Amarna 74 y 290 mencionan “Bit-NIN.IB”, a primera vista, una referencia a Asiria (Casa de Nínive), pero el asiriólogo  Jules Lewy ( Physikerin, dann Assyriologin, 1969)  dijo que era más correcto Bit-Shulman… ¡la Casa de Salomón! El rey de Damasco había ordenado a sus líderes, en la carta 74, atacar al rey de Jerusalén, ordenándoles “reunirse en Bit Shulman” que debería estar cerca de Jerusalén o incluso en ella.

En la carta 290, el rey de Jerusalén se quejó al Faraón de que los Apiru estaban invadiendo la tierra, y agregó:

“… Y ahora, además, la capital del país de Jerusalén, su nombre es la ciudad de Bit-Shulman, el rey, se rompió…”. ¿Era Salmanasar quien escribía al Faraón para que controlara los invasores apiru?

       Las ciudades en el antiguo Próximo Oriente a menudo se llamaban por el dios soberano (o viceversa),  así que Jerusalén también era conocida en ese momento como el “Templo de Shulman”  “bit” (“beth” en hebreo) en este contexto significa templo. El texto es ambiguo, pero Jerusalén aquí no parece referirse a una ciudad, sino a un país. La capital o ciudad del rey se llamaba Bit Shulman, después del templo de Shulman en ella, aún después de la conquista de los israelitas bajo Josué, no se menciona. Se llamaba Jebus o Salem antes de que David conquistara a los jebuseos y la convirtiera en su capital.

  Hoy en dia “salem” significa “paz”, pero  esto parece ser una corrupción de “Shulman”. El último de estos deletreos es “salem!”. Más relevante, tal vez, es Salem, el dios fenicio (cananeos) de la noche, simbolizado por Venus como la estrella de la tarde, y probablemente es el sol poniente, un aspecto del dios del sol para los egipcios.

MAQUETA DEL TEMPLO DE SALOMÓN

     ¿Era una referencia al templo de Salomón, incluso en una fecha tan remota? Los jeroglíficos de Egipto leídos como “Shulman” no tienen signos de la deidad, lo que implica que el nombre no es el de un dios. Si lleva el nombre de su fundador, Bit Shulman significa Palacio de Salomón, y Salomón vivió mucho antes de lo que todos pensaban, o la cronología egipcia abarca cientos de años. O tal vez los egipcios no reconocen a Shulman como un dios. De todos modos, la leyenda de Salomón fue escrita para explicar el recuerdo del antiguo nombre de la ciudad: Salem o Bit Shulman.

     Supongamos, por un momento, que el Rey Salomón (Shulmanu) hubiese sido en realidad Salmanasar I, rey de Asiria. (hacia 1274-1245) o quizás Salmanasar II (1031-1018)  y los hechos de su reinado una conjunción de ambos.  Para situar un acontecimiento  en tiempos posteriores  se escribía en  inscripciones empezando con frases  como “construido por Asa”, “la era salomónica”, o en “en tiempos de Roboam”, es decir, epigramas  basados en cronología relativa, sin ninguna erudición, que no sea una creencia ciega de los mitos bíblicos.

     Cualquier libro actual que hable del “tiempo de David” o del “tiempo de Salomón” de forma literal debe considerarse como propaganda religiosa. Los historiadores serios no se  refieren los tiempos de la historia a figuras o lugares míticos. No hablan del “tiempo de Hércules” y podemos estar seguros de que cualquier historiador que hable del “tiempo de la Atlántida” sería desestimado  al instante. Por tanto, las figuras bíblicas las David y Salomón, podrían ser igualmente míticas, o como mínimo exageradas, al menos hasta el día de hoy.

La arqueología y la edad de oro judía

     En los casos donde  la evidencia historia no corrobora un período particular de la historia bíblica, es difícil confirmar que la Biblia sea exacta o inexacta. Para unos sí, porque es cuestión de fe. Pero para investigadores imparciales se impone los “argumentos del silencio” (la idea de que la evidencia no existe porque no ha sido encontrada) por lo que pueden dar paso  a refutar la existencia misma de algunas personalidades bíblicas. Este es el caso de David y Salomón.

Estela de Tell Dan, en circulo la inscripción “Casa de David”

     La mayoría de los arqueólogos bíblicos tradicionales nunca desestimaron la historicidad a David y Salomón. Pero desde mediados de la década de los 80 del siglo XX  hasta hoy en día, una corriente de eruditos y arqueólogos opinan exactamente lo contrario. Sin embargo, los literalistas bíblicos, creyeron obtener la prueba definitiva de la historicidad de David y Salomón  por el descubrimiento de la Estela de Tel Dan  en 1993 en el norte de Israel. Está formada por numerosos fragmentos que forman una inscripción triunfal en arameo, realizada con toda probabilidad por Hazael del Damasco arameo, de finales del siglo IX aC.

Hazael alardea de sus victorias sobre el rey de Israel y su aliado el rey de la “Casa de David” (bytdwd); era la primera vez que el nombre de David y su dinastía ha sido encontrado fuera de la Biblia. La inscripción de Tel Dan generó un importante debate y una sucesión de artículos cuando apareció, dando pie incluso a acusaciones de falsificación, “pero se observa actualmente de modo amplio como  genuina, y  relativa a la dinastía de David y al reino Arameo de Damasco”. (Grabbe, Lester L: Ahab Agonistes. Continuum International Publishing Group. 2007. Pág 57).

        Los minimalistas o críticos bíblicos[5]  al principio intentaron interpretar los caracteres escritos en la estela de Tel Dan  como que decían cualquier otra cosa en vez de “Casa de David”. Finalmente, se admitió por la comunidad académica que no había otra manera de leer la inscripción. Pero no cambió la opinión de los eruditos críticos. Es posible que no se pudiera dudar que David y Salomón existieron,  pero que no eran tan ricos, poderosos o significativos como lo describe la Biblia. Probablemente fueron caudillos tribales de poca monta que tenían un pequeño asentamiento en la colina de Jerusalén. Surgió el fascinante  y crucial debate: Mientras que para  los historiadores razonables hasta hoy ningún hallazgo más puede ser atribuido conclusivamente al reino de David aparte de la estela de Tel Dan,  para los literalistas bíblicos o biblistas, habia  un gran número de yacimientos  atribuidos al  tiempo de Salomón. Pero los descubrimientos arqueológicos y la antropología de los últimos 40 años no ha decantado la balanza a favor de unos ni de otros.

Plano de la Jerusalén del siglo X aC

      1 Reyes 9:15-17 dice: “Ahora bien, el motivo del trabajo obligatorio que impuso el rey Salomón para construir el templo del Señor, su propio palacio, el terraplén y las murallas de Jerusalén, además de las ciudades de Hazor, Megiddo y Guézer, fue el siguiente:  el faraón, rey de Egipto, había llegado y conquistado la ciudad de Guézer; después la quemó y mató a todos los cananeos que vivían en la ciudad, y luego la entregó como dote a su hija, la esposa de Salomón.  Entonces Salomón reconstruyó Guézer,  y Bet-horón”. Estos versículos detallan el vasto programa de construcción emprendido por Salomón no sólo en Jerusalén sino en diversos lugares  perteneciente a su reino. Guézer está en la región de sur de Israel, cerca lo que una vez fueron las tierras de los filisteos. Megiddo se encuentra en la región centro-norte, a 112 kilómetros de Jerusalén y en el interior de la ciudad moderna israelí de Haifa. Hazor se halla a norte del Mar de Galilea.

       Estas tres ciudades antiguas son quizás algunos de los lugares más excavados en Israel. ¿Y qué han encontrado los arqueólogos allí? Puertas  enormes en las antiguas entradas de cada ciudad. Cada una es tan parecida a las otras, que este diseño consistente es conocido hoy como la “puerta israelí”.   Estas puertas indican una sociedad desarrollada, rica y poderosa capaz de construir muros de fortificación, con grandes puertas y estructuras sofisticadas  dentro de ellas. En un principio, cuando los arqueólogos fecharon estos yacimientos con la alfarería asociada para su construcción, las dataron en el tiempo de David y Salomón,  el siglo X aC. Por décadas, esta fue considerada prueba sólida de los proyectos de construcción a gran escala de Salomón.

 El problema surge cuando comprobado que los tres palacios “construidos” por Salomón en Guézer, Megiddo y Hazor siguen el patrón del estilo llamado Bit Hilani, que surgió en Siria en el siglo IX ¿Cómo pudieron los arquitectos salomónicos diseñar edificaciones con un estilo que todavía no habia sido inventado?

 En un momento de auge del reino del Norte, el rey Acab construyó  en el siglo IX aC grandes palacios que preceden al nivel de los llamados “establos de Salomón”. La arqueología confirma la opulencia de la capital del reino norteño de Israel, Samaria y otras ciudades. Se han hallado más de 200 placas de marfil talladas en estilo fenicio y decoradas con temas egipcios, fechadas en el s. VIII aC.  Los carros tenían una gran importancia en el reinado de Acab. Las fuentes asirias confirman que el reino de Israel era famoso por los carros mucho tiempo después de la batalla de Qarqar, en Siria, en el año 853 a.C., batalla en la que Acab se enfrentó a Salmanasar III (859-824 a.C.)

 Los muros y las puertas de Megiddo pertenecen a la época de Jeroboán II (788-747 aC.).  

Los “establos de Salomón” que fueron descubiertos en Megiddo, y todavía son descritos como tales, no son de la época Salomón, en el siglo X,  sino de 200 años después. No se ha encontrado el puerto de Salomón en Eziongaber. No es en Elot o Aqaba ni en ningún otro punto intermedio, si los estudiosos de la Biblia se vieron obligados a reposicionarlo en la costa en Sinaí, pero quién sabe dónde. Las minas de Salomón al norte de Elot no son de Salomón porque fueron abandonadas antes del siglo X y probablemente eran egipcias.

   G. Garbini  (Historia e ideología, pp. 52-55) afirma también que nada se sabe de la Jerusalén del siglo X aC. No  observa  ni el comercio ni la actividad cultural y literaria de Salomón descrita en la Biblia. Los restos atribuidos a este período son insignificantes. Las inscripciones casi no existen. Hasta el s. IX aC, no se propagó el uso del hierro. Probablemente, concluye, que no había aún un estado judío fuerte.

     El reino de Saba no existía en el siglo X, y Ofir sigue siendo un lugar no identificado. Es solo una especulación que Tarsis es Tartessos en España (según algunos) o Tarsus en Cilicia (según otros), ni era accesible por mar desde el supuesto puerto de Salomón, excepto por circunnavegación de África. Los dos Ofir y Tarsis podrían ser lugares míticos como todos los Shangri-La, con la intención de representar el reino de Salomón como paradigma de la magnificencia de  su civilización y su  riqueza. La riqueza de Salomón también debe ser parte de su legendario legado porque supuestamente no pudo pagar sus deudas con Hiram, rey de Fenicia (1 Reyes 9: 10-14).

     El país en época de Salomón era  fuertemente rural. No hay huellas de escrituras, ni de inscripciones, ni de los alfabetos necesarios para el funcionamiento de la monarquía. Tampoco hay rastros de una cultura unitaria, ni de la administración central. Jerusalén era una típica aldea del altiplano. En los días de Salomón, Jerusalén no era la ciudad fastuosa que se habla en la Biblia, sino una aldea de pastores. ¿Por qué se desarrolló esta sublimación? Sin duda, por la misma concienciación que fue adquiriendo el pueblo hebreo entre los siglos IX y VII.

    Cuando Jeroboam se rebeló contra el sucesor de Salomón, su hijo Roboam,  las diez tribus del norte  le siguieron, y esta confederación de tribus formo el reino de Norte o Israel, dejando a las  de Judá y Benjamín, con su dinastía davídica, su Reino del Sur o Judá.

     La base histórica más probable de las doce tribus, si es que hay una, es que eran divisiones de  provincia a efectos fiscales, no divisiones genealógicas.  Tal sistema se usó en Israel bajo Salomón (1 Reyes 4: 7-19; 5: 2-4,7). Cada una de las doce divisiones debía rendir homenaje durante un mes del año. Era el sistema egipcio utilizado por el faraón Shoshenq,  sucesor de Siamon y “contemporáneo” de Salomón (si es que no era él mismo).

   Podría concluirse que   Salomón “vive” al límite de la historicidad, y en este estudio hemos  procurado  probar su historia  con los datos arqueológicos, epigráficos y etimológicos. El resultado es sorprendente: los hallazgos arqueológicos y documentales son tan elocuentes como escasos y una investigación como ésta tiene mucho encaje de bolillos y, por tanto, no poco de conjetura. La idealización de la dinastia de David, presunto bandolero en sus orígenes reales, fue tanto más importante cuando más trascendencia se dio a su linaje, que culminaría con el Mesías. Sólo señalo este  ejemplo para comprender  la magnitud del proceso: La creencia de tener un pasado glorioso llevó seguramente a explicarlo mediante recuerdos de lo que había sido su historia,  acomodándose a la realidad del momento   en el que se contaban. Se olvidó que unas mismas palabras, que describían hechos, tenían un significado muy diferente siglos atrás. Estos “cronistas” tendieron a interpretarlo en clave interesada; No hicieron nada extraordinario o diferente, simplemente recurrieron  a lo que suele repetirse en estos casos, cualquiera que sea la época y el pueblo que se estudia: necesitar legitimarse falseando el pasado. Es posible que fuera así;  o que nunca lo sepamos.

NOTAS:


[1] Salomón no es el único caso. También hay hipótesis muy conocidas sobre otros personajes bíblicos como Moisés o el mismísimo Abraham fueron, en realidad, faraones de Egipto.

[2] Toda la costa levantina, Israel, Canaan, Fenicia y Siria, ya habían pertenecido anteriormente al Imperio Nuevo Egipcio durante los siglos XVI-XIII aC.

[3] Obra literaria egipcia datada  en el periodo ramésida en el siglo XIII aC.  Del género denominado  sebayt o instrucciones, en la que el  escriba Amenemope, hijo de Kanajt, da a su hijo consejos de integridad, honradez, autodominio y amabilidad, y le explica cómo lograr estas metas en vida alejándose de los aduladores y depositando toda la confianza en los dioses para conseguir una vida feliz. Afirma que el hombre ideal no es el guerrero, sino el hombre de paz que se esfuerza en prosperar y es generoso con los demás. Ese hombre ideal es modesto, tranquilo y amable con la gente y humilde ante los dioses. No es perfecto, porque la perfección es una virtud divina y no humana.  Las instrucciones nos han llegado completas, a través de varias versiones conservadas en distintos museos. Esta variedad demuestra su popularidad en Egipto durante siglos. 

[4] Melquisedec, Melkisetek o Malki Tzedek (en hebreo: מַלְכִּי – צֶדֶֿק [Malki-sedeq], traducido como «mi rey (es) justo (justicia)»; armenio: Մելքիսեդեկ [Melkisetek]) fue un rey y sacerdote mencionado durante la narración de Abraham en el capítulo 14 del libro del Génesis. Se le presenta como el rey de Salem y sacerdote de El Elyon («Dios Altísimo»). Trae pan y vino y bendice a Abraham y El Elyon. La literatura chazálica (que abarca desde el siglo III aC. hasta el siglo VII d.C.) específicamente en  los Targum Jonathan, Targum Yerushalmi y el Talmud de Babilonia presentan el nombre מלכי־צדק como un sobrenombre de Sem, hijo de Noé. En los rollos de Melquisedec, encontrados en las cuevas de Qumrán, específicamente en la cueva 11, narra la Historia Completa que se describe brevemente en el pasaje de Génesis 14:18-20, y asimismo nos explica porque el Mesías es considerado Sumo Sacerdote a semejanza de Melquisedec, descrita en Hebreos 7, también nos aclara cual es el nombre de su padre; Adonías, y nos revela como fue la creación al principio, antes de que existiera el ser humano, y el planeta Tierra, y muchos secretos más, como por ejemplo el origen de la ciencia del bien y del mal, personificado en el árbol de la ciencia del bien y del mal.

[5] Minimalismo bíblico,  es un movimiento  en los estudios bíblicos que se inició en la década de 1990 con dos premisas principales: que la Biblia no puede considerarse una prueba fiable para lo que había sucedido en el antiguo Israel; y que “Israel” en sí mismo es un tema problemático para el estudio histórico.

BIBLIOGRAFÍA:

-Blázquez, José María; Cabrero J: La arqueología israelita y la historicidad de los libros del Antiguo Testamento. Universidad de Alicante, 2004

-Ellis Ralph: Solomon, Pharaoh of Egypt , Edfu  books, 2000

-Finkelstein, Israel – Silberman,  Neil Asher: David y Salomón: En busca de los sagrados reyes de la Biblia y las raíces de la tradición. Siglo XXI, 2007

-Guyénot,  Laurent: Sionismo, cripto-judaísmo y el engaño bíblico.  El Espía Digital 2003

-Herrero, Alexandre: Faraones de Egipto, reyes de Israel. (Barcelona, 2000. Editorial Turismapa)

-Romer,  Thomas, La invención de Dios, Harvard University Press, 2016.

–delacuadra.net/escorial/tx-rey.htm

–espaciomisterio.com/misterios/civilizaciones-perdidas/el-templo-de-salomon-sus-profecias-y-el-nuevo-orden_

–tochoocho.blogspot.com/2014/05/salomon-y-el-templo-perdido-de-shamah.html

–neros.lordbalto.com/ChapterSeven.htm

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