13.-ASURNASIRPAL II EL CONQUISTADOR

  Assur-nasirpal II (o Aššur-nasir-pal/Assurnasirpal,  significa “Aššur fue guardián del heredero”)​ reinó en Asiria entre 883 aC. y 859 a.C., siendo muy conocido por su brutalidad y la fundación de la ciudad de Kalhu (Kalah/ Nimrud), a la que convirtió en capital del reino. El reinado del predecesor de Assurnasirpal II, Tukulti-Ninurta II, supuso la consolidación de la recuperación de Asiria, con lo que se pusieron los cimientos para que durante su reinado de Assurnasirpal II, Asiria se convirtiera en  la potencias  más grande del Oriente Próximo.

   Durante  su reinado, fueron múltiples las crueldades que infringió a sus enemigos asociadas al nuevo estilo de guerra de asedio como el uso de pesados carros blindados con arietes que penetraban las murallas y dentro de los cuales, había soldados armados y preparados para tomar la ciudad blindada tras altos muros de ladrillos. Una vez dentro, los ciudadanos estaban encerrados y les era imposible escapar de la masacre. Mientras que la ciudad era víctima del pillaje, todos sus habitantes eran víctimas de varias atrocidades calculadas como las torturas, o eran desollados, o empalados, o crucificados o enterrados vivos. Incluso se les cortaban la cabeza y con ellas se hacían pirámides. Un ejemplo de ellos sería el siguiente texto: “Construí un pilar ante la puerta de la ciudad y desollé a los jefes que se habían rebelado contra mí, colgando su piel sobre el pilar. Algunos de ellos los sepulté en el pilar, a otros los empalé sobre las estacas sobre el pilar y a otros también los empalé sobre las estacas alrededor del pilar. Desollé a muchos a lo lardo de todo el país y colgué su piel sobre los muros… quemé a muchos de sus prisioneros. Capturé a muchos soldados vivos. A algunos les corté los brazos o las manos, a otros les corté la nariz, las orejas y las extremidades. Les  saqué los ojos a muchos soldados. Hice un montón de seres vivientes y otro de cabezas. Colgué sus cabezas en los árboles, alrededor de la ciudad. Quemé a sus adolescentes, muchachos y muchachas…. Abatí seis mil quinientos guerreros con la espada y al resto los mató el Éufrates, a causa de la sed que sufrieron en el desierto…” (Ancient Records of Assy and Babilonia,  D. Luckenbill, 1926, vol. 1, págs. 145-153)

  La fuerza del ejército asirio estaba en sus carros de guerra. ​Originalmente,  fueron utilizados como vehículos de dos caballos. Podían ser utilizadas para disparar plataformas móviles o como plataformas de comando móvil, la visión elevada daría al general cierta capacidad para ver cómo les iba a las tropas en combate. Los asirios también utilizaban carros de reconocimiento, que llevaban mensajes desde y hacia la primera línea, así como para la batalla. ​Los carros ligeros que consistían de dos a tres caballos fueron mejorados bajo el reinado de Assur-nasirpal II con carros pesados de cuatro caballos. Los carros podrían contener más hombres (cuatro en total). Los carros pesados también encontraban nuevas funciones; estrellarse contra las formaciones enemigas y dispersar a la infantería en el proceso. Así mismo, el Imperio neoasirio fue el primero en usar la caballería, con arqueros a caballo (los caballos suficientemente grandes para ser montados los conseguían en los valles de los lagos de Urartu (el Urmia y el Van o Gölü)[1].

  Karquemis era una importante ciudad comercial situada en la orilla occidental del alto Éufrates, junto a uno de sus principales vados. Una ruta comercial iba desde Nínive hasta Harán (a sólo unos 88 km. Al E de Karquemis), cruzaba el Éufrates en Karquemis y continuaba hasta el valle de Orontes, en el Líbano, desde donde salían otras rutas hacia en el Mediterráneo o hacia el Sur, en dirección a Palestina y Egipto. Las caravanas que pasaban por allí tenían que pagar impuestos, lo que contribuyó a la riqueza de la ciudad. Debido a su posición estratégica tanto comercial como militar, desde la antigüedad de los reinos agresores procurar conseguir el control de Karquemis. El faraón Tutmosis III (mediados del II milenio aC.) la habia  saqueado, así como también  Ramsés III trescientos años después.  Assurnasirpal II narra cómo atravesó el Éufrates en balsas que mantuvo a flote con pieles de cabra infladas, y dice que el tributo que recibió del rey de Karquemis consistió en veinte talentos de plata, cien talentos de cobre y doscientos cincuenta talentos de hierro, además de objetos de oro, mobiliario con incrustaciones de marfil, piezas de lino y lana y otros artículos.

En el año 876 aC. logró restablecer la conexión de Asiria con el litoral mediterráneo, tras un paréntesis de dos siglos y medio. Allí en las aguas saladas del Gran Mar de Occidente, como llamaban al Mediterráneo los asirios, el monarca lavó sus armas, siguiendo el rito de sus heroicos predecesores, inaugurado por el legendario conquistador Sargón de Acad. Pero sus éxitos no terminaron ahí, pues sin necesidad de volver a empuñar su espada, ni ponerse al frente de su poderoso ejército montado en su carro regio, las opulentas ciudades fenicias del litoral (Biblos, Sidón y Tiro) enviaron representantes a su encuentro para rendirle homenaje: tal era el temor que infundía el rey asirio entre las poblaciones de toda la región.

 

Pero Assurnasirpal II no sólo fue un rey bélico. También hizo otras acciones que pasaron a la posteridad, como la de restaurar los templos de Asur y Nínive, además de construir una residencia real en la ciudad bíblica conocida como  Calah, llamada a su vez Kalhu, la cual pasó a ser la capital del reino. Este palacio, de una superficie de 24.000 metros cuadrados, se dividía en tres partes. La primera parte estaba destinada para alojar las habitaciones de ceremonial (la gran sala de recepciones y el salón del trono). Sus entradas principales estaban flanqueadas por grandes figuras llamadas Lamassu, o grandes hombres toros alados. La segunda parte del palacio era donde estaban las habitaciones reales, el harén y las salas de las abluciones. Y la tercera era una gran cantidad de habitaciones agrupadas alrededor de un patio, en donde estaba el sector administrativo de su séquito. Este palacio fue descubierto y excavado entre 1845 a 1851 por Layard. Durante este período, la mayoría de los bajorrelieves acabaron en el actual British Museum, aunque en la actualidad se ha restaurado con fines turísticos. 

   Respecto al resto de la ciudad, construyo sólidas murallas fortificadas con veintenas de torres, un palacio real y varios templos, entre los que se contaba un zigurat de  38 m. de altura. Las investigaciones indican que la ciudad tenía una extensión de 358 Ha., Y no sólo había en ella palacios, templos y casas, sino también jardines y huertos, regados por un canal llevado del río Zab. Se dice que en el banquete que preparó Asurbanipal para la inauguración de su nueva capital se invitó a todos los habitantes de la ciudad, además de a dignatarios visitantes, un total de 69.574 personas.[2]   Cuando se excavaron las ruinas de Kalah, aparecieron ejemplos excepcionales de arte asirio, como los colosales leones alados con cabeza de hombre, los toros alados, numerosos bajorrelieves de gran tamaño que adornaban los muros de palacio y una gran cantidad de objetos bellamente tallados en marfil. Se descubrió una estatua del rey Assurbanipal en excelente estado de conservación


[1] Roux, Georges (1982) “Ancient Iraq”, p.283, 376 (Penguin, Harmondsworth

[2] Pollard, Elizabeth. Worlds Together Worlds Apart. W.W. Norton & Company, 2015, p. 1

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