EN LOS LIMITES DE LA IGNORANCIA

Los nostálgicos  son personajes que experimentan de primera mano la furiosa sinrazón del pasado, sin referencias sobre las que explicar la naturaleza de un sentimiento que no se puede  reducir a  los efectos del tiempo. Para unos,  es  la entrega total del alma, perder el control hasta suplicar por una última noche; para otros, la devoción y el perdón incondicional a través de una copa de vino; otros, en cambio, lo ven como una aventura que tiene sentido porque también tiene fecha de caducidad.

Jesucristo: “y para esto vine al mundo: para dar testimonio de la verdad.”

Poncio Pilatos: “¿la verdad dices? ¿Y qué cosa es la Verdad?”

CAPÍTULO PRIMERO

CUANDO SIENTES, CON ABSOLUTA CERTEZA, QUE CUALQUIER TIEMPO PASADO FUE MEJOR

I

Reminiscencia

Incorporar a la memoria el recuerdo de una cosa casi olvidada.

Imperio del alma con que traemos a la memoria

Recuerdos que no tenemos presentes.

Lo que sobrevive de una cosa y sirve para recordarla.

Aquello que en una obra recuerda algo de otras obras.

Platon. Siempre Platon.

Recuerdo de las ideas contempladas en una vida anterior.

Aprehensión de las ideas a través de las sombras de los sentidos.

Reminiscencia,

Única fuente de conocimiento verdadero.

II

El mundo es un devenir.

El devenir es fluir en el tiempo,                                                                                                           es temporalidad.                                                                                                                                  El tiempo, el devenir, asumen la figura de un niño,                                                                  

 la movilidad de un niño que juega.

El juego es liviano, en tanto la ley es pesada.

A orillas del mar hay un niño que juega,                                                       

desplazando de aquí para allá                                                                           

 las piezas de su juego.

Imagen de liviandad, de inocencia,                                                                                                        de casualidad feliz,                                                                                                                                      esta imagen, tan cotidiana,                                                                                                                                           tiene algo de “divino”.                                                                                                                            El niño que “juega” con el mundo                                                                                                             tiene un aspecto ultra humano.

Cumplir un gran salto imaginativo,                                                                                           superar con la fuerza de nuestra                                                                             

 abstracción imaginadora                                                                                                                    las capas más duras de la realidad,                                                                                

 de la ley, de la culpa,                                                                                                             

para poder descubrir  aquello                                                                                       

que es posible ver cada día                                                                                                               

 y que cada uno puede recordar de sí.

III

¡Qué duro es envejecer!

Al contemplar una fotografía de nuestra juventud

 nos incomoda ese ímpetu atolondrado

  y petulante que gastábamos entonces.

 Nos incomoda esa indumentaria,

 el paso del tiempo la ha convertido ridícula o estrambótica;

nos incomoda esa sonrisa retadora que lanzamos a la cámara,

ignorantes de las aflicciones que nos aguardan en el camino.

Y esta sensación de incomodidad

  se agrava si en la fotografía posamos al lado

de otras personas que por entonces acompañaban nuestros días:

algunas han muerto;

otras han traicionado nuestra amistad;

otras simplemente se quedaron sepultadas entre la hojarasca de los años,

hasta el extremo de que olvidamos sus nombres,

 pese a que en la fotografía corresponden a nuestra sonrisa

o nos echan un brazo por los hombros;

 otras,  abandonadas en algún pasaje confuso

o vergonzante de nuestra biografía.

¿Quién no ha experimentado sentimiento de vergüenza,

a la vista de una fotografía de su juventud?

¿Quién no hubiese querido someter esa fotografía

 a un lavado de imagen o proceso de Photoshop?

 Que la alivie de presencias enojosas,

Que borre de nuestros rasgos

ese insensato alborozo que acabaría marchitándose,

Que vele pudorosamente tantas evidencias

que el tiempo hace onerosas e indeseables.

 ¿Quién no querría que los seres queridos

 que se fueron regresaran para posar a nuestro lado?

como por arte de ensalmo,

 brindarnos otra vez su aliento,

tendernos otra vez esa mano

que en la fotografía aún se muestra vigorosa y resuelta.

 ¿Quién no querría que aquellas viejas pasiones que la fotografía perpetúa, convertidas ahora en ceniza, volviesen a llamear, intrépidas como antaño?

 Definitivamente,

 lo peor de envejecer

no son las canas ni las arrugas,

 es saber que fuimos jóvenes,

 que fuimos otros.

Hubo una edad,

maldita y bendita edad,

 en que ese `ser otros´

era la única manera de ser en el mundo,

 nos creíamos invulnerables y eternos.

IV

TIEMPO

 El paisaje está apagado,

 mi respiración empaña el cristal,

cada canción que suena

en mis auriculares,

forma una armonía que me llena de placer

e incluso me excita.

Cruzo la mirada con mi yo reflejado,

es una mezcla de amor

 y odio;

extraño personaje,

soy el único que le conozco.

 Los putos minutos se hacen eternos,

el tiempo a veces pasa más rápido que en otras ocasiones,

 ¿cómo sería un mundo sin relojes?

Yo creo que sería un mundo mejor.

No has soñado alguna vez con tener un súper poder

o un artefacto que detuviera todo el mundo menos a ti?

 Ese  sueño frustrado de la infancia,

Que pedimos a cientos de estrellas fugaces,

 a los reyes magos…

aunque … bien pensado,

 ni los padres

ni las piedras envueltas en llamas

hacen magia o milagros.

Se dice que  el tabaco mata,

que si bebes no conduzcas,

que si ponte condón para no pillar el sida,

 O sea, miles de campañas para evitar muertes

que en principio son las causas más comunes…

pero…

¿la causa de muerte más común no es el tiempo?

El muy cabrón nos está jodiendo

desde el primer instante de nuestra vida,

nos debilita,

nos hace viejos,

poco a poco no va matando,

y para que no nos demos cuenta

te da otras cosas para que no pienses en eso,

 y finalmente nos acaba matando.

 Al fin y al cabo,

 la vida no es más que un periodo indefinido de tiempo.

Ojala se pudiera hacer algo para definirlo,

 que cada uno muera cuando le salga de los cojones,

 aunque viviendo en esta falsa libertad,

 ¿Te sientes libre?

Mires donde mires hay muros, vallas, rejas,

 y millones de cadenas ficticias atando al ser humano.

¿Tanto gusta obedecer y ser manipulado?

Bueno… supongo que es lo más fácil,

porque cuesta demasiado tener una personalidad

 y un pensamiento propio y mantenerlo.

En fin,  mientras el miedo  sea un negocio rentable,

seremos esclavos.

 Solo nos queda apartar la mirada del paisaje nocturno,

 cerrar los ojos e imaginar,

 que cuando los abramos estaremos

 más cerca de nuestro destino.

V

EL HOMBRE,  ¿QUÉ SOMOS?

Somos el compendio,

 la suma de  tres ideas “racionales”:

la idea de hombre,

la idea de mundo,

 la idea de Dios.

Como tal incitaría,

a que pensarais

 lo que al hombre no le es dado conocer.

Y en esto la mediación del anhelo,

o de  afirmación consciente en la voluntad,

que daría su impulso y su objetivo.

La voluntad del hombre es,

sobre todo,

voluntad  de sobreponerse,

de traspasar la simple emancipación negativa,

una responsable fundación de tablas y de valores

 que derivan del propio impulso, anhelo y querencia,

mediados por la propia comprensión e inteligencia.

La voluntad  nos  impulsa,

como si fuésemos equilibristas,

a avanzar en nuestro propio entorno,

a seguir en una cuerda;

pero en esa cuerda se puede saltar y bailar,

o dejar que la vida circule.

El hombre somos habitantes del límite,

acuciado por nuestras pasiones metafísicas,

 por el asombro de sentirnos siendo,

de estar habitando el ser.

Y es ese vértigo,

 la pasión propia del límite,

el que nos acucia y asedia al  caminar  por la leve cuerda del existir,

cerca del abismo que atraviesa,

o que circula por este puente

que se ha convertido el propio hombre.

 Nietzsche es un puente tendido

entre la planta y la estrella,

entre piedra y inteligencia.

Su eterno retorno de lo igual

nos incita y excita esa voluntad de existir

 que es voluntad de crear;

 o de recrearse creando.

Somos retados por el futuro,

por su anhelo,

por su propia voluptuosidad,

 de lo que nos desborda y trasciende.

Y ese futuro vuelve y retorna,

 toda vez que el hombre

o el equilibrista que somos,

avanza por encima de la cuerda,

impulsado por el oscuro anhelo

de nuestra supuesta inteligencia y conciencia.

Somos  seres dinámicos

que no paramos de  andar y circular,

en exilio y éxodo,

por la existencia.

Y además de cuerda y puente,

 también somos pórtico;

 una puerta que tiene un letrero que dice:

INSTANTE.

Puerta  que permite la circulación del existir,

o el ambiguo y contrapuesto enlace del pasado y del futuro,

 el límite que introduce por un umbral

su doble respuesta contrapuesta:

 somos “lo que fue”,

 somos “lo que será

VI

EL PESO DE LOS DIAS

¿Aíslas tus emociones en reflexiones ocultas en el viento?

Quieres ser dueño de tus  pensamientos,

pero a veces el dolor tergiversa lo que sientes,

aunque a veces el amor te libera del tormento.

 El tormento de la ansiedad de tu soledad,

para acabar con todos tus momentos,

¿Quieres encerrarte en la oscuridad para des-esclavizarme del tiempo?

¿Qué es el tiempo si no se puede contar?

es solamente una aguja que no deja de caminar,

por el sendero de la vida,

entendida por algunos que la saben apreciar.

 Entender que comprenderlo está nosotros,

imágenes sonidos,

se juntan para alcanzar el limbo, 

recordando haber olvidado al olvido.

Puede que este arquitecto creador de puentes,

enlazador de mentes y continentes se contenga,

para deslizar sucesivamente toda esa gente,

fuente de la suerte hasta su celda.

Esa celda corroída con barrotes de dinero,

privada de libertad de expresión y pensamiento,

 seremos los primeros en traspasar esa barrera,

la barrera que separa a ciudadanos de guerreros.

Las hojas de mi cuaderno son perennes,

no caducan, son la casa de  versos, 

las líneas son su ruta y las letras  huéspedes que descansaran en paz.

En el mosaico arcaico de colores que   distingan personas fingidoras, separarlos.

Pero es imposible, ¿cómo olvidar al olvido?

 Es imposible;

la posibilidad de que lo ya vivido es impensable;

pensar que el pensamiento está ahí,

digámoslo bien fuerte: es imposible medir cuanto te he querido.

Puedes trasladarte hacia nuevos montes,

 nuevos horizontes donde bisontes y rinocerontes no se esconden,

 donde desde entonces,

vivas con Condes que silencios rompan,

ponte ese don de poner orden a los que se esconden, 

que no se conformen y formen dibujos en el cielo.

 Siendo sincero, esperemos que alcancen el vuelo y  se marchen.

Somos como el incienso entre estas sílabas.

VII

 La temporalidad y fragilidad de nuestra existencia

Saber que estamos vivos de forma casual,

diminuta y limitada,

 puede frustrar el ansia subconsciente de onminopotencia e inmortalidad.   

Aunque sepamos que tengamos algo tan valioso como la vida,                                                           tomar conciencia de que se acabará,

parece que amarga la propia existencia. 

¿Por qué estamos vivos entonces?

 la respuesta, a veces,

 después de mucho recapacitar,

es que no tiene mucho sentido.    

  El llegar a esta reflexión existencial,

nos suele causar una gran incertidumbre.

Por alguna razón,

o sinrazón,

causa inseguridad y apatía tener conciencia de nuestra propia vida.                                                                                                                              Causa tristeza el hecho de conocer en profundidad ciertas cosas.

Cuanto más nos informamos,

Y más conocemos, más viejos somos,

nos damos  cuenta de todo lo que hay detrás,

de todos los engranajes que se mueven,

y a veces puede ser difícil de asumir. 

En la práctica totalidad de los sucesos de la vida,

las cosas son como son porque interesa que así sean.

Y no precisamente porque interese a la mayoría de la gente,

sino porque interesa a quien está al frente de ese ámbito y saca provecho de él,

de forma más o menos legal,

y más o menos lícita,

 de forma más o menos corrupta.     

Todas estas cosas  asquean,

 por que  muchas personas,

de forma ingenua y bienintencionada,

teníamos una visión optimista de las cosas,

tal como solemos ser prácticamente todos en nuestra infancia.

Pero al crecer y descubrir la realidad del mundo,

estas cosas generan tristeza,

desengaño,

y revierten una dinámica de pensamiento positivo a otra de pensamiento negativo.                                                                                                                                                                    Por eso, el mundo nos dice  que la única forma de ser realmente

feliz es vivir en la total ignorancia:

Una vida vivida en el desconocimiento de los propios males es la menos penosa. Es imposible para los hombres que les suceda la mejor de las cosas, ni que puedan compartir la naturaleza de lo que es mejor. Por esto es lo mejor, para todos los hombres y mujeres, no nacer; y lo segundo después de esto es, una vez nacidos, morir tan rápido como se pueda”.   

   Si, tal vez vivir en la ignorancia sea la forma más fácil,

el modo más rápido,

 y el camino más recto para ser feliz,

aunque ni mucho menos tiene por qué ser el mejor.

 Aprender, asumir y meditar de forma profunda,

 para alejarse un poco de la ignorancia

 no tiene por qué ser un sinónimo de tristeza ni de pesimismo.

Si asumimos nuestra propia vida

 y nuestros conocimientos también nos pueden ayudar

 a tener una visión más positiva de la vida y,

 gracias a ello, ser más optimistas,

 e incluso más felices.

 Puestos a engañarnosa nosotros mismos,

también podemos hacerlo de una forma mucho más agradable,

 y esperanzadora gracias al pensamiento filosófico:

    “Si decides ser optimista y al final tu optimismo resulta injustificado, al menos habrás vivido con buen humor y cierta felicidad inducida por la esperanza. Si decides ser pesimista y al final tu pesimismo resulta injustificado, es posible que tu vida haya sido una gran pérdida de tiempo”.

VIII

RECONOCERSE EN EL LENGUAJE

Una de las caras de la condición humana

es ser viviente,

 la otra, ser mortal.

Entre la vida y la muerte

transcurre el tiempo de cada hombre;

 largo, denso y cambiante.

En primer lugar,

sin poder evitarlo,  una misión:

 indagar en los mecanismos del mundo,

 sin reproducirlos,

 ni extasiarse ante ellos y revelarlos.
No rechazar al mundo tal como es,

ni pretender que sea una verdad revelada,

como el creyente,

ni fundirse a una realidad trascendente,

como el místico;

ni demostrar una teoría

como el ideólogo.  

Indagar hasta descubrir que otros mundos son posibles,

  Vivir es también pensar y, a veces,

atravesar esa frontera en la que sentir y pensar se funde.
Las dudas no son más que una respuesta al temperamento reflexivo.

 La vida es categórica y castigante,

sintética y metafórica,

 sentenciosa y de lumínica vivacidad lírica.

Todo puede ser cuestionado:

religión,  historia,

sociología, antropología,

lingüística, doctrina poética,

relación del lenguaje con la realidad,

sentido y significado,

signo y símbolo.

 La condición humana sin tratar de explicarla.

Es a través de la experiencia como manifiesta esa condición,

considerar básica la meditación sobre el ser humano.

El misterio, la vocación  no seria menos si no mas enigmática.

Cada palabra al mismo tiempo dice y calla  algo. 

Nos reconocemos tanto por las palabras como por los silencios.

 Las palabras son hijas de sus silencios,

 nacen de las profundidades,

 apareceren por un instante,

 y regresan a sus abismos.
Mi amor por la palabra comenzó

 escuchando los relatos del  abuelo,

el cantar de mi madre,

 pero también en los silencios de mi padre.


 La vida de cada hombre es un largo y doble aprendizaje,

es saber decir y saber oír,

 uno implica  lo otro.

El lenguaje nos da sentimiento,

la conciencia de pertenecer a una comunidad.

Somos una historia.

 

 

IX

EL JUEGO DE LOS ESPEJOS

Toda creación humana,

 es en el fondo una ilusión

que pretende ocultar la verdad originaria,

que nos habla del dolor primordial inherente a la vida.

 en el fondo de la vida existe la posibilidad de acceder a la verdad originaria,

 la vida es unión de contrarios;

es profundo dolor,

 pero el placer,

 el regocijo, la alegría,

 es más profunda aún que el sufrimiento.

Disquisiciones que me nos acompañan siempre:

 el sentido o el sinsentido de la existencia,

el papel de la filosofía en la vida,

la posibilidad o la imposibilidad de la verdad,

y las diferentes formas de trascendencia posibles para el ser que somos,

Habría que cumplir un gran salto imaginativo,

 superar con la fuerza de nuestra abstracción imaginadora las capas más duras de la realidad,

 de la ley, de la culpa,

para poder descubrir en aquello que es posible ver cada día

y que cada uno puede recordar de sí un tramo que parece dar enteramente vuelta lo cotidiano; detener la imagen,

percibir en ella un valor de permanencia

que pertenece al fondo de las cosas sencillas,

esas que sencillamente suceden,

tales como el brillo del sol,

el murmullo del mar,

la lluvia que cae.

 En la simplicidad del puro suceder,

 un niño juega a orillas del mar,

la realidad se eleva,

deviniendo única, plena, “divina”.n asumen la figura de un niño, la movilidad de un niño que juega. El ruego es liviano, en tanto la ley es

X

Entre ruinas arqueológicas

En las visitas de las ruinas arqueológicas,

somos conscientes del tiempo que pasa,

de ser ese algo abstracto

que desmorona las fuertes piedras al tiempo físico,

 del pasar de las horas,

que nos aboca a un atardecer en creciente oscuridad.

Inmediatamente,

tras esta sensación del pasar del tiempo,

no sus efectos sobre las cosas,

podemos proseguir el proceso de interiorización:

 mi casa, mi habitación,

 todo será roído por el tiempo.

Ante la brevedad de la vida,

sentimos la angustia del tiempo que se escapa,

 y preguntamos angustiados por el tiempo huido….

Ah de la vida!

Antaño vividos!

 ¿Nadie me responde?

En este pasar no es solo por el acercamiento a la muerte,

sino la disolución del propio yo,

en una especie de angustia existencial de la personalidad.

Cuanto hemos sido y que poco somos!

Cada dia enterramos “ayer”…

Y es un imposible dialogo con mis tiempos perdidos.

“Estás yendo sin parar a un punto….”

“Eres un fue, y un será, eres un cansado….”

Esta sensación del tiempo que no cesa,

que es, paradójicamente, la única terrible realidad de la vida,

resuena insistentemente en estos diálogos

con nuestra propia vida pasajera,

quejándonos que entre nuestras manos se resbala la vida.

Desengañados,

este resbalarse ahoga la cotidianidad,

pero que llega inexorable  en el crepúsculo y la noche.

Huye lentamente cada día casi sin percibirlo.

XI

IMPRESIÓN INTEMPESTIVA ANTE  LOS RETRATOS DEL PASADO

Y esta fatalidad de los seres humanos

 por medio del poder conjurador de los sueños

y la memoria,

 en un intento desesperado de trascender

 la propia temporalidad.

 En un constante vaivén

 entre la nostalgia por emociones pasadas

y las tenues esperanzas

de recuperarlas.

 Y de la angustia

 por la certeza de que éste

 se haya perdido

para siempre.

XII

LA TÓXICA NOSTALGÍA

Parece el sentimiento más triste,

así como también el que más  hace sufrir,

destruyendo muy despacio,

y se  acaba con el  abandono,

 por disiparse en el tiempo y a veces,

 reconquistar.

Recordar nostálgicamente

es entregarse a los sentidos,

 dejarse la razón fuera de la piel.

No existe un recuerdo lógico de aquella vez que sucedió,

por eso guardas pasajes desordenados

 de felicidad y desesperación.

Porque esa pasión sólo puede ser homenajeada

con memorables destellos de lo que fue un sueño,

el único que se vive despierto.

La  memoria  habla de aquel amor febril,

arrebatado,

que se encarna en  familiares y amigos queridos;

  los recuerdos se gestan en las texturas vaporosas de cada plano,

de cada estancia pintada,

más que iluminada,

con el desasosiego de un cuadro del Renacimiento.

 Los nostálgicos  son personajes que experimentan de primera mano

 la furiosa sinrazón del pasado,

sin referencias sobre las que explicar la naturaleza de un sentimiento

que no se puede  reducir a un solo significado;

 para unos, ese pasado fue  la entrega total del alma,

 perder el control hasta suplicar por una última noche;

para otros, la devoción y el perdón incondicional a través del tiempo;

otros, en cambio, lo ven como una aventura

que tiene sentido porque también tiene fecha de caducidad.

Incluso, hay quien recuerda

que  no fue otra cosa que ayudar a las personas amadas

 a levantarse cuando ya no puede,

mantener su dignidad para poder seguir juntos.

Y al galopar el tiempo 

ya se  intuye que no habría segundas oportunidades,

que una vez que hayan sentido,

se diluirán como espectros entre las ruinas de la historia.

Y ante la visión de los escombros,

parece un exquisito drama de posguerra,

un doloroso viaje por las emociones de los protagonistas, 

emociones que son  retorcidas con los violines de Yehudi Menuhin

que dibuja recovecos aislados de una relación  agotada,

que renace pasajeramente para luego agonizar de forma definitiva.

Hay, sin embargo,

una  sensación de bálsamo melancólico,

que sintetiza en un frágil momento la felicidad

plena del recuerdo:

el cantar con una sonrisa,

sin dejar de mirar a la cámara,

y  permanecer tan embelesados mirando.

La secuencia de cada imagen se funde con ellos,

 sin gente alrededor,

el recuerdo es como  la voz en solitaria de una cantante,

y la imagen pasa de ser sobresaliente,

 una maravilla que ya nunca te abandona.

 Porque la nostalgia es el sentimiento más triste,

 así como también el que más  hace sufrir,

 y  destruye despacio

XIII

NO TE RESISTAS

Decía Plutarco:

 «En el instante de la muerte,

el alma alcanza los mismos misterios

que los grandes iniciados.»

Al cortar automáticamente con la envoltura corporal,

con todas las voliciones,

con los e impedimentos de la conciencia superficial,

la muerte nos da visiblemente una ocasión excepcional

de liberarnos del dominio de nuestros instintos oscuros.

Nos permite percibir la luz liberadora,

aunque sólo sea un instante.

El que logre permanecer atado a ese instante,

 mantenerse a la altura de ese conocimiento,

alcanzará esa liberación.

Liberación de las ilusiones

de nuestra conciencia egocéntrica

que oscila perpetuamente entre nacimiento

y muerte,

ser y no ser,

esperanza y duda,

sin alcanzar el despertar,

ese estado estable,

lejos de las ilusiones del Samsära,

de los estados intermedios:

 la Paz del Nirvana.

Hoy pasaríamos por los prados de nuestra juventud como viajeros.

Hemos sido consumidos por las realidades;

conocemos las diferencias,

 las necesidades,

somos personas prácticas de la sociedad.

Ya no somos despreocupados,

somos terriblemente indiferentes.

Ciertamente podríamos estar allí, pero,

¿Viviríamos?

No.

Estamos abandonados como niños,

 somos experimentados como ancianos.

Somos groseros,

tristes, superficiales…

Creo que estamos perdidos. 

En todo caso,

sabemos que nunca estamos solos del todo,

hay muchos seres que están conscientes

tambien en todo momento,

quizás amándonos si tenemos suerte,

listos para hacérnoslo sentir

cuando quiera que estemos listo para recibirlo,

cuidando de que no nos hundamos demasiado,

 alentándonos a amarnos a nosotros mismos.

El mundo que vemos es,

en verdad,

una realidad de conveniencia:

en cierto sentido,

el Universo se ordena compasivamente

en la forma que  necesitamos

para desarrollar nuestras preferencias.

Tenemos una elección,

infinita ,

de mundos en que podemos vivir.

Quizás tengamos la suerte,

y tener la libertad de vivir

de acuerdo a muchos planes cósmicos diferentes.

Pero el hecho de que puedas elegir

no significa que alguno de ellos sea menos válido.

Puedes vivir en un universo

en el que haya un Dios.

en la cúspide, con una jerarquía,

que descienda hasta las almas en oscuridad extrema.

O bien,

un mundo materialista,

en donde no se experimente vida después de la muerte.

tan sólo una anulación completa del pasado.

Puedes tener un cielo y un infierno.

Lo que sea que elijas,

sea cual fuere la vibración que te parezca bien,

te sintonizarás y estabilizarás con otros,

 que compartan tus creencias.

Puedes sintonizar tus vibraciones

con la conciencia de Cristo,

con la conciencia de Buda,

experimentar la divina compasión.

Puedes sintonizarte con la magia negra,

vivir en un mundo de extrañas formas,

fuerzas violentas.

 puedes sintonizarte con Homer Simpson,

 con cualquier personaje de cine;

puedes hacerlo con la Madre Divina,

y vivir un increíble esplendor sensual.

Puedes experimentar todo esto,

 y mucho más cuando meditas,

te das un baño refrescante,

haces el amor,

te emborrachas,

tomas drogas.

Posiblemente  no recordaras todas estas tonterías más adelante,

pero podrías recordar tres palabras:

No te resistas.

Recuérdalas,

Recuérdalas  especialmente cuando estés muriendo,

que es cada día.

He llegado a la conclusión,

que no vamos a ir a ninguna parte,

al menos de forma perdurable, 

con más rapidez que lo que nuestro amor nos lleve;

que tenemos que amar primero el lugar donde estamos.

Pero es bueno saber que existe algo más allá,

Algo más de lo que ves ahora frente a ti,

que podemos experimentar nuestra realidad presente,

en niveles mucho más profundos

de placer,

de tranquilidad.

XIV

LAS PARTICULARIDADES DE LOS RECUERDOS

En cada instante,

algo muere dentro de nosotros y algo nace.

Cada día que vivimos

no es sino un diferente estado

de conciencia de nuestra vida,

del día anterior,

y del anterior,

y del mes anterior,

 y de los años anteriores vividos….

En cada día el estado de conciencia despierta,

 de la conciencia del sueño,

de la conciencia de la agonía,

de la conciencia de la muerte,

 y del estado de la conciencia de un renacimiento.

Nos enfrentamos aquí con la verdad de la vida.

 Los recuerdos despiertan en nosotros  dos particularidades,

es curioso.

La primera es que siempre están llenos de silencio;

es lo que tiene más fuerza en ellos.

E incluso,

si en la realidad fueron diferentes,

no por ello dejan de producir esta impresión.

Son  apariciones silenciosas,    

que sólo  hablan con miradas,

con gestos, 

pero mudas…

Su emocionante silencio

nos obliga a veces a  comenzar alguna actividad cotidiana

para no abandonarnos a esta deliciosa disgregación

en la que nuestra mente querría sumergirse,

fundiéndose dulcemente con las potencias mudas

que están detrás de las cosas.

Son tan silenciosas porque precisamente

el silencio es ahora  inconcebible para nosotros.

Este silencio es la causa de que las imágenes del pasado

despierten en nosotros más tristeza que deseo.

Una inmensa y  desesperanzada melancolía.

 Estas cosas han sido,

 pero no volverán.

Han pasado,

pertenecen a un mundo

que ha terminado para nosotros.

La segunda particularidad de los recuerdos es que siempre  planean a lo lejos,

en el horizonte.

Una especie de aparición,

un enigmático reflejo que se levanta como un amanecer,

al que tememos y al que amamos sin esperanza.

Es fuerte como nuestro deseo,

 pero  inaccesible,

 y lo sabemos.

Aunque volviéramos a este paisaje de nuestra infancia, 

por una obra de magia,

apenas sabríamos qué hacer allí.

Las delicadas y secretas fuerzas

 que suscitaba en nosotros no pueden renacer.

Podríamos encontrarnos allí de nuevo y pasear.

Podríamos contemplarlo,

amarlo,

 incluso emocionarnos con el recuerdo.

Es  la agridulce contemplación de las fotografías amadas;

De los rasgos, 

De los rostros

 y  de días que pasamos juntos  animan a nuestro recuerdo.

Pero realmente ya no nos sentimos atados como antes a este paisaje.

No fue la noción de su belleza y de su espíritu lo que nos atrajo,

sino lo que teníamos en común,

el armónico sentimiento de una fraternidad

entre las cosas y los acontecimientos de nuestro ser,

sentimiento que nos mantenía aparte

y nos hacía incomprensible el mundo de nuestros padres;

pues, en cierto modo,

nosotros estábamos siempre dulcemente inclinados y abandonados al nuestro,

e incluso las cosas más insignificantes desembocaban siempre,

para nosotros,

en la ruta del infinito.

Quizás esto era tan sólo el privilegio de nuestra niñez;

no veíamos todavía ningún límite

ni admitíamos término a cosa alguna.

Teníamos el impulso del corazón,

que nos identificaba con el correr de nuestros días.

capítulo Segundo

CUANDO CAES EN UN SUEÑO TAN PROFUNDO QUE CREES SER UNA MARIPOSA QUE SUEÑA QUE ES UN HOMBRE

I

RELAJACION

Deja que el cuerpo se relaje totalmente,

 cierra lentamente los ojos.

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