LA TUMBA DEL REY . II El buen rey Ezequías (1ª parte)

Antes de ser yo procreado, Yahvé había dicho a mi padre, el profeta Isaías:

-Toma para ti una tabla grande y escribe sobre ella estas palabras: “Maher-Salal-has-baz”.   Yo, יהוה hago testigos de esta palabra a dos hombres fieles, Urías, el sacerdote y Zacarías el hijo de Jebekís, y mantén la tablilla en secreto. 

Entonces Isaías, mi padre, tuvo relaciones con su esposa, la Profetisa, y ella quedo encinta.

Un poco antes de parir, יהוה se le apareció a mi madre, la Profetisa, y le dijo:

 -Ponle a tu hijo Maher-salal-has baz[1], porque antes que el niño sepa hablar, Damasco y Samaria serán arrasadas por el rey de Asiria.

Cuando nací, la Profetisa le dijo a Isaías como había de llamarme, y recordó que eran las mismas palabras que habia escrito unos meses antes, sin saber para qué,  y entonces lo comprendió, aunque mi nombre significaba desgracias y desolación.  Mi nombre se “cumplió” dentro del período de tiempo profetizado. Durante el reinado del rey Péqah de Israel, el monarca asirio Tiglat-piléser III invadió Israel, tomó muchas ciudades, saqueó la tierra y se llevó a muchísimos habitantes al cautiverio. Posteriormente, Péqah fue asesinado. El rey de Asiria también capturó Damasco, la  capital de Siria, se llevó a sus habitantes al exilio y mató al rey sirio Rezín.  Así llegó el fin de estos dos reyes que habían conspirado contra Judá.

Efectivamente, tres años más tarde, los asirios derribaron Samaria[2]  y sacaron a los israelitas  de esa ciudad y del resto de los dominios del reino septentrional de Israel.  De modo que el significado de MI NOMBRE  fue en Israel un milagro y señal verdadera y confiable de parte de יהוה.

La situación del reino del sur, Judá, era diferente, gobernaba el rey más extraordinario que había dado la nación santa desde Salomón, el rey  Ezequías. Pero incluso un hombre de la talla de Ezequías tuvo sus sombras, y obviamente la independencia del trono de Judá era algo preciosa y muy atractiva.

Así pues, al morir Sargón II, sabía que en el trono asirio habría la inestabilidad tradicional de la sucesión. Sopesó sus opciones. Egipto ofrecía una alianza, y Merodac-Baladan, que se había hecho fuerte en Babilonia, enviaba embajadores para hacer causa común contra los asirios. Parecía algo seguro, ya que Asiria tendría que pelear en varios frentes. Por otro lado,  en caso de éxito de la alianza anti-Asiria, ¿qué consecuencias podrían acarrear en el futuro el quedarse fuera de esa alianza?

Ezequías  era un rey  calculador, de grandes miras. Su corazón tendía al Señor, pero su punto débil era que sucumbía ante la presión. Sabía que fuere cual fuere la decisión que tomara, representaría tanto para él como para su pueblo un juego muy peligroso y arriesgado. Aunque es verdad que apenas a cincuenta kilómetros  de Jerusalén, en Samaria, estaba el gobernador asirio, que le observaba receloso. Un paso en falso, un indicio de traición a Asiria, y se enviaría una señal a Nínive. Y entonces Ezequías sería destronado y deportado, cubierto de vergüenza y de cadenas.

Sin embargo, puesto que la situación internacional habia girado favorablemente el último año, la ocasión para la rebelión no podía ser más propicia, pensaba Ezequías, se mirara por donde se mirara, ¿Qué haría el rey Ezequías de Judá? Humanamente hablando estaba claro: era una ocasión que no se podía desaprovechar.

El rey Ezequías tenía claro que Jehová era  un Padre infinitamente más amoroso e infinitamente más sabio que todos padres terrenales:

– Sólo Él sabe lo que más nos conviene. Y a veces las cosas que consideramos “malas” son todo lo contrario: muy buenas. Tal vez mucho mejores que las que consideramos “buenas”. No podemos medir las cosas de Dios con medidas terrenas, sino con medida de eternidad.

 El profeta Isaías, mi padre, que hablaba siempre en nombre de Yahvé,  exhorta a Ezequías:

– ¡No tengas miedo ni te acobardes! Toma contigo a todo el ejército, y atacad la ciudad de Asdod. Yo os daré la victoria sobre su rey y su ejército; os apropiaréis de su ciudad y de todo el territorio que la rodea. Tratarás a esta ciudad y a su rey como hiciste con Gat y con su rey. Sin embargo, podréis quedaros con el botín de guerra y todo el ganado. Prepara una emboscada en la parte posterior de la ciudad.

Había que obedecer. Reunió al ejército y marchó a pelear contra Asdod. Con mis ojos de niño todavía me parece ver aquel ejército de Jehová desfilando por las calles de Jerusalen, sus  corazas refulgían con los rayos del sol y mi vista se cegaba.

El propio Ezequías escribió su campaña de esta Guerra Santa:

 Escogí  cinco mil guerreros y los envié durante la noche con estas órdenes:

-Vosotros pondréis una emboscada en la parte posterior de la ciudad. No os alejéis mucho de ella, y manteneos en vuestras posiciones. Yo me acercaré con mi tropa, y cuando los enemigos salgan a pelear contra nosotros, huiremos como la primera vez. Ellos nos perseguirán, pensando que estamos huyendo de nuevo, y así los alejaremos de la ciudad. Entonces vosotros saldréis de vuestro escondite y os apoderaréis de Asdod. El Señor os dará la victoria. Cuando hayáis capturado la ciudad, quemadla tal como nos lo ordenó el Señor. Éstas son mis órdenes.

Dicho esto,  envié a los guerreros a preparar la emboscada, y ellos se apostaron entre Gat y Asdod, al este de la ciudad mientras yo pasaba esa noche con el ejército. Muy de mañana  pasé revista al ejército y, junto con los jefes de Israel, nos pusimos en marcha hacia Asdod.  Sólo había un valle entre nosotros y la ciudad. Envié a  mil guerreros a preparar la emboscada, y  nos escondimos  pasando Gat, al este de la ciudad. De esa manera, una tropa acampó al norte de la ciudad y la otra al este. Esa noche avanzamos hacia el medio del valle.1.1 COLGADOSimage020

 Cuando el rey  enemigo se dio cuenta de lo que pasaba, se apresuró a salir con toda su tropa a pelear contra Israel, en la pendiente que está frente al desierto, sin saber que le habían puesto una emboscada en la parte posterior de la ciudad. Primero,  fingiendo derrota, huimos por el camino que lleva al desierto. Mientras tanto, todos los hombres que estaban en la ciudad recibieron la orden de perseguir a los israelitas, alejándose así de sus murallas. No quedó ni un solo hombre en la ciudad que no hubiera salido a perseguirnos, de modo que la ciudad  quedó desprotegida. Entonces el Señor me ordenó: “Apunta hacia Asdod con la jabalina que llevas, pues en tus manos entregaré la ciudad.” Y así lo hice. Al ver esto, los que estaban en la emboscada salieron de inmediato de donde estaban y, entrando en la ciudad, la tomaron y la incendiaron.

                                                                                                                                   Cuando los filisteos miraron hacia atrás, vieron que subía de la ciudad una nube de humo. Entonces se dieron cuenta de que no podían huir en ninguna dirección, porque nuestro ejército, que antes huía hacia el desierto, ahora se lanzaba contra ellos. En efecto, tan pronto como  vimos que los que tendieron la emboscada habían tomado la ciudad y la habían incendiado, nos volvimos y los atacamos.

 Los de la emboscada salieron de la ciudad  y así éstos quedaron atrapados por todos lados. Nuestro ejército lo envolvió hasta no dejar ni fugitivos ni sobrevivientes. Al rey de Asdod lo capturaron vivo. Después de que mis hombres terminaron de matar a filo de espada, en el campo y el desierto, a todos los guerreros filisteos que habían salido a perseguirlos, regresaron a la ciudad y del mismo modo mataron a todos los que quedaban. Ese día murieron todos los habitantes, como doce mil hombres y mujeres. Yo mantuve extendido el brazo con el que sostenía mi jabalina, hasta que el ejército israelita exterminó a todos los habitantes de Asdod. Y tal como el Señor había mandado, el pueblo se quedó con el botín de guerra y todo el ganado.

    Luego  incendié la ciudad, reduciéndola a escombros, como permanece hasta el día de hoy. También mandé ahorcar en un árbol al rey de Asdod, y ordené que dejaran su cuerpo colgando hasta la tarde. Al ponerse el sol, mandé que bajaran el cuerpo del rey y lo arrojaran a la entrada de la ciudad.

Al regresar victorioso a Jerusalén, Isaías me recibió con estas palabras:

-Recuerda que Dios es amor y nunca nos da cargas que no podamos soportar. Aunque hay cosas que no podamos entender, como los niños, mujeres y ancianos que has tenido que matar, recuerda nada nada es por culpa de Dios; recuerda que su máxima expresión de amor es cuando matamos a los infieles en pago por todos nuestros pecados. Dios nos ama y no quiere nada malo para sus hijos amados.

   Ezequías razonaba que quien puede crear, puede destruir; quien tiene poder para dar la vida, lo tiene para destruirla, para aniquilarla. Los seres humanos no somos dioses.  No somos ni infinitamente justos, ni infinitamente misericordiosos. Pero  que si él estuviera en poder de hacer, sin que resultara  ningún perjuicio moral ni material, dentro de las condiciones indicadas, sería capaz de evitar a un ser humano una lágrima, un dolor, un sufrimiento,  sin titubeos, sin vacilaciones. ¡Y sin embargo, no somos ni infinitamente buenos, ni infinitamente misericordiosos! ¿Sería el ser humano mejor, más misericordioso que el Dios de los israelitas?

Cuando Jabín, rey de Gaza, se enteró de todo lo ocurrido, convocó a Jobab, rey de  Asquelon, y a los reyes de Eglón y Guerar, en decir, las ciudades que quedaban de la federación filistea que era aliada de Asiria, pero que ahora estaba demasiado lejana para invocar su ayuda contra Ezequías, el rey de Israel, que había recibido armamento militar de sus nuevos aliados, los babilonios. También Jabín llamó a los jefes de la región costera del norte; de Jope, Hefer y Dor. Además se convocó a las  tribus cananeas de oriente y occidente, amorreos,  hititas, y ferezeos, Todos ellos salieron con sus huestes, caballos y carros de guerra. Eran tan numerosos que parecían arena a la orilla del mar.          Formaron un solo ejército y acamparon junto a las fuentes de la antigua ciudad de Abraham, Hebrón para pelear contra Israel.

Entonces el Señor se le volvió a presentar a Isaías y le dijo al rey:

-No les tengas miedo, porque mañana, a esta hora, yo le entregaré muerto a Israel todo ese ejército. Vosotros, por vuestra parte, deberéis cercenar sus caballos e incendiar sus carros de guerra.

 Así que aquella noche Ezequías partió de Jerusalén con sus guerreros para llegar antes del amanecer a Hebrón[3]. Tomaron por sorpresa a sus enemigos junto a la fuente donde acampaban.  El Señor los entregó en sus manos de los israelitas,  los atacaros con fiereza, sin piedad. Y los  persiguieron por la carretera de Hebrón a Lakis hasta la  ciudad de Eglón, y fueron bajando hasta  el valle de Guerar al sur,  durante tres días fueron perseguidos eliminándolos, y no quedaron sobrevivientes.  Ezequías cumplió con todo lo que el Señor le había ordenado: desjarretó los caballos del enemigo e incendió sus carros de guerra.

Solo quedaba Gaza, que había sido líder de la sublevación.  Capturamos vivo todavía a Jabín, lo atamos a un palo en la plaza principal de Gaza para que el pueblo pudiera verlo, Este renegaba en grandes gritos contra nosotros y nuestro dios:

¡Maldigo vuestro Dios Justiciero,

contra Yahvéh,

el último dios que llegó a la Tierra,

Yahvéh el celoso

implacable enloquecido, fuera de control,

un vengativo limpiador étnico,

 sediento de sangre!

Así pues matamos a filo de espada al rey Jabín; y pasamos a espada a todo cuanto tenía vida, destruyéndolo por completo. Arrasamos la ciudad y le prendimos fuego. Tomamos como botín de guerra todas las pertenencias del enemigo y su ganado.

Porque, en fin, el infierno existe. Jehovah lo enseña; es la horrible visión, con cuya ayuda se siembra el espanto de los niños, en los viejos, y entre los pobres de espíritu y temerosos; es el espectro que se instala en la cabecera de los moribundos a la hora en que la muerte les arrebata todo su valor, toda su energía y toda su lucidez. ¡Y bien! El Dios de los fieles, que dicen es de piedad, de perdón, de indulgencia, de bondad y misericordia, arroja a una parte de sus hijos a un antro de torturas para siempre, las más crueles, y de suplicios, los más horrendos. ¡Cómo es de bueno! ¡Cuán misericordioso!

Hasta aquí llega la crónica de la guerra santa contra los filisteos que hizo Ezequías.

Finalmente, Ezequías firmó la alianza con Egipto y con las principales ciudades filisteas y fenicias, entre las que se encontraban Sidón, Ascalón, y Ecrón. De hecho, la oportunidad parecía tan buena que incluso los habitantes de Ecrón depusieron a su rey, Padi, que era fiel a Asiria y lo enviaron encadenado a Ezequías, quien lo encarceló.

Lo tangible siempre parece más real, y el atractivo de la política y el militarismo resultaron más atractivo y seguro para Ezequías. Es cierto también, y para su descarga, que el partido pro-egipcio de su corte tenía excesiva influencia. Según Isaías, estos jefes de la nación, inmorales y ateos, se mofaron de él y le ordenaron que se apartara del camino y dejase de insistir al rey. Isaías, vencido, escribió lo que había dicho como testimonio para la posteridad.

Pero llegó el año segundo del reinado de Senaquerib; expulsó a Merodac-Baladan de Babilonia, y para ese entonces era lo bastante poderoso para centrar su atención hacia sus dominios occidentales. Decidido pues a ajustar cuentas con los rebeldes, marchó hacia el oeste con un inmenso ejército.

La guerra comenzó cuando un ejército formado por egipcios y nubios avanzó hacia el sur de Palestina para apoyar a Ezequías de Judá, chocando con las tropas de Senaquerib en la región de Eltekeh, filistea. El ejército egipcio fue derrotado en esta batalla, aunque invocaron al retirarse al dios egipcio Ptah   que envió una multitud de ratones campestres que royeron los carcajes asirios, sus arcos y, asimismo, los brazales de sus escudos, lo que los incapacitó para la invasión de Egipto. Por lo que se  Senaquerib centró su atención en la región de Palestina

A su paso por el reino de Judá, Senaquerib pone sitio a todas las ciudades  e innumerables aldeas, y las conquista mediante arietes y máquinas de asedio. Hizo un total de  200.150 prisioneros, jóvenes y ancianos, varones y hembras, así como innumerables caballos, mulas, asnos, camellos y ganado mayor y menor, que  arrebató y tomó como botín.

 Lakis, la segunda ciudad en importancia de Judá después de Jerusalen, fue  asediada.  El sitio comenzó con proposiciones de los asirios a los sitiados. Les dijeron que si se rendían serían tratados con indulgencia pero que si se obstinaban en luchar toda la fuerza del ejército asirio caería sobre ellos y serían castigados según el acostumbrado modo asirio. Cuando los sitiados se negaron a rendirse, comenzó el cerco.[4] 

El primer paso que tomaron los asirios fue rodear la ciudad para impedir que sus habitantes escaparan y después avanzaron los arqueros protegidos por gigantescos escudos. Los asirios poseían un  escudo de junco, alto, curvo y grueso. Se manejaba por parejas, mientras uno lo sostenía por el asa, el otro disparaba flechas .Estos arqueros despejaron las almenas mientras los ingenieros iniciaban la construcción de una rampa de asedio y de una torre de asalto. Una vez completada la rampa fue pavimentada con losas de piedra para facilitar el tránsito de la torre.

Una vez completado todo ello, los asirios iniciaron el asalto en dos vías; se arrastró la torre por la rampa y se llevó el ariete hasta la sección media de la muralla enemiga. Los arqueros de la torre barrieron las murallas de enemigos, mientras la infantería se aproximaba con escalas para lanzarse al asalto de la ciudad.

La lucha debió ser intensa y el asalto duró varios días hasta que los asirios terminaron tomando completamente la Lakis. Toda la ciudad fue saqueada y  centenares de hombres, mujeres y niños fueron pasados por la espada.

Los soldados asirios, riendo a carcajadas, relajándose después de la tensión de la batalla, entraron en el santuario Dagón, el dios local,   y cogieron por las agallas a unos enormes peces vivos que habia en el estanque del atrio y se los llevaron a las mesas. Eran los peces sagrados de Dagón,  que descendían del primer barbo que había puesto el místico huevo en el que se ocultaba el dios. La idea de cometer un sacrilegio excitó la glotonería de los soldados; pusieron al fuego unas vasijas de bronce y se divirtieron viendo cómo los hermosos peces se retorcían en el agua hirviendo. Senaquerib y sus generales reían con su tropa.

La agitación de aquellos guerreros se encrespaba. Ya habían perdido la entereza, y comenzaron a beber. Gruesas gotas bañaban sus frentes les  humedeciendo  sus uniformes azules, y acodados sobre las mesas, que parecían mecerse como barcas, paseaban alrededor sus ojos de borrachos para devorar con la vista lo que no estaba al alcance de su mano.

Había quienes, andando entre los platos por encima de los manteles de púrpura, rompían a puntapiés los escabeles de marfil y los frascos tirios de cristal. Las canciones babilónicas se mezclaban con el estertor de los vencidos agonizantes entre las copas rotas. Pedían vino, carne, oro. Querían mujeres israelitas. Deliraban en  idiomas distintos, caldeo, elamita, arameo… Algunos creían hallarse en los baños de Nínive, a causa del vaho que flotaba en torno a ellos, o bien imaginaban estar de caza en su Asiria natal y corrían detrás de prisioneros como en pos de animales salvajes. El incendio se propagaba de una casa a otra, y por toda la ciudad se vislumbraban  largas espirales blancas,  que parecían volcanes que comenzaran a estallar. El clamor redoblaba;  los asirios, cual los leones heridos, rugían en la oscuridad.

Después de conquistar Lakis, Senaquerib   envió a Tartán  y a Rabsaqué con un ejército de 35000 hombres desde Lakis  a Jerusalén, para que  asediaran nuestra ciudad Santa y fuésemos conscientes de cual era nuestra situación frente al imperio asirio.  Ezequías  y toda la población quedarían encerrados,  como a un pájaro en una jaula. Allí estábamos todos los habitantes de Jerusalén, asediados por el poderoso ejército asirio.

 Sin embargo, Ezequías sabía que los asirios en sus conquistas cortaban el suministro de agua de las ciudades sitiadas e incluso  podían envenenar los pozos de agua del enemigo.  Se anticiparía a estas acciones que realizaban los conquistadores y les “daría de su propia medicina”. Se realizó un inmenso trabajo para cegar y esconder todos los pozos y manantiales que existían afuera de Jerusalén y,  a su vez, proporcionar un túnel subterráneo que mantuviera a la Ciudad con agua bajo el sitio. La idea era poner en aprietos a los mismos asirios que acamparían afuera de la ciudad en cuanto a hallar suficiente agua para ellos mismos.

De manera que cuando las huestes  asirias llegaron, se detuvieron junto al conducto del estanque superior, que está en la calzada del campo del lavandero.

Intencionadamente se dejó una sola fuente de agua para los asirios, y ellos evidentemente acamparon en ese lugar a las afueras del muro exterior. Los asirios entraron en la trampa y establecieron su campamento en el lugar que los esperaba.

Astutamente, se cubrió un poco para que los asirios excavaran en una parte lateral más abajo en el campo del lavandero creyendo que habían encontrado un manantial.

Desde siempre ese lugar era ocupado por los lavanderos públicos de la ciudad. Las mujeres usaban el natrón [5]   para lavar la ropa. Entonces los sacerdotes judíos se hicieron invisibles aquella noche para introducir  0,5 miligramos de cianuro de sodio por litro de agua que, cuando era mezclado con natrón, produjo el Veneno Ardiente. Este veneno desaparecía en el agua,  se volvía invisible, y daba una solución clara. Ezequías habia ideado una macabra operación de resistencia a los asirios dependiendo de un solo pozo de agua, la cual tras ser envenenada logró la matanza del campamento asirio, sin que estos supieran la razón.

1.1Ezequías, el rey más piadoso y fiel,  confiaba en Dios…pero  no lo tenía muy claro.  El profeta Isaías, en nombre del Señor, le promete que el Señor le defendería de Asiria Pero Ezequías quería garantías tangibles, y a pesar de que el Señor le había ofrecido promesas respaldadas por garantías divinas, Ezequías eligió otro camino, una salvación a su manera fundada en elementos concretos y mundanos, con ejércitos y alianzas.

Como en casi todos los acontecimientos históricos, la fortuna hizo su aparición.  Senaquerib recibió noticias de una rebelión en Babilonia; y la ciudad de Marduk era sin duda mucho más importante que Jerusalén, por lo que no podía permitirse un largo asedio. Así pues, llegó a un acuerdo con Ezequías, que se comprometió a  pagar un gran tributo, y el rey asirio se marchó.  En los siguientes años se envió  a Nínive,  30 talentos de oro, 800 talentos de plata, piedras preciosas,  más de 4600 libras de antimonio, grandes bloques de piedra roja, sillas taraceadas con marfil, cueros de elefante, madera de ébano, madera de boj y toda clase de valiosos tesoros, sus hijas, concubinas, músicos y músicas.

Para entregar el primer tributo anual y rendir obediencia                                                     como  vasallo, Ezequías envió a sus siervos más confiables.[6]


[1] Literalmente “Él Se Ha Apresurado al Saqueo.”

[2] Fue Sargón II, su sucesor, quien conquistó definitivamente Samaria en 722 AC  dando fin así con el reino de Israel

[3]Son 28 kms. de distancia

[4] The annals of Sennacherib, 691BC.  The Taylor Prism, British Museum nº91032. Layard A H 1853a p.345

[5]Carbonato sódico

[6] El manuscrito primero finalizaría aquí; sin embargo según el Codex Cairensis Nevi’ir mss 4-6, este manuscrito continua puesto que Maher seria unos de los enviados por Ezequías;  además del tributo real, Maher  llevaría un mensaje de destrucción para Nínive de parte de su padre, Isaías: “Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y clama contra ella, porque su maldad ha llegado hasta mí”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s