LA TUMBA DEL REY . I-La salida del anciano

wy7qd5pb3fusooysuv2mj9yquooysuv2mj9ysMientras el cielo enrojecía sobre Jerusalén, en el ocaso del sol, un anciano, guiando un burro y un asno, decidió salir de la ciudad por la Puerta del Pescado, hacia el Norte,  su último viaje, un viaje a ninguna parte.   Su nombre es Maher-has-Baaz, hijo del antiguo profeta Isaías y Sofer Principal del anterior rey judío, Manasés, muerto hace un año.

Huía de Jerusalén precisamente el día en que  esperaba que no pasara nada, cuando todo lo que estaba por encima de él iba discurriendo. Pero entonces, en algún punto de ese día, todo se perdió.

Caminaba como sonámbulo, totalmente sin voluntad, sin conciencia, sin deseo, sin defensa, recogiendo los retales de sus recuerdos en este mundo, remendando el vacío con nombres que ya solo son sonido, rostros perdidos, como su recordada princesa babilónica.  Poco a poco,  su vida entera, sus recuerdos, sus ambiciones, todo se alejaba de él como nubes arrastradas por el viento. Así es, las repercusiones de la impureza moral son dolorosas y mortíferas, su conciencia atormentada por el daño emocional que causó. Y más aún, sabía que dios lo condenaría.

Era el 7 de Tamuz del año 2 de Amón[1], el Mundo Antiguo está dominado por el poderoso y cruel imperio asirio.  Asurbanipal, el rey más sabio de cuantos produjo la nación Asiria, controla sus tierras desde su amurallada capital Nínive.  Asurbanipal es hijo de Esar-Hadon, que inició la conquista del viejo Egipto y que él ha concluido.  Su abuelo, Senaquerib conquistó Palestina, pero no la capital,  Jerusalén,  ya que tuvo que retirarse cuando el Ángel de Jehová  asesinó en una sola noche al ejercito asirio, 185000 soldados. De aquello hacia 60 años, pero lo que no se habia conquistado por la fuerza militar se habia conseguido con el sutil amor a la idolatría y a las riquezas.

El anciano  fue primero a lo largo de la fachada oriental del Templo, pasó enseguida por el mercado de las hierbas, las galerías de Tiropeón y por el arrabal de los perfumistas. Las escasas luces se extinguían, las calles más anchas se quedaban silenciosas; luego unas sombras se deslizaron en las tinieblas. Le seguían, aparecieron otras y todas se dirigían como él hacia el lado de la colina de Sion.

Desde abajo no se veían más que altas murallas que subían indefinidamente, como las paredes de un sepulcro grotesco. La tarde era sombría; una niebla gris parecía pesar sobre la ciudad, que batía desde el valle de Hinón con un rumor de estertores y sollozos; las sombras se desvanecieron poco a poco como si hubiesen pasado a través de los muros.

Llegó a la Casa del Bosque de Líbano, de cien codos de largo, cincuenta codos de ancho y treinta codos de alto, sobre cuatro hileras de columnas de cedro con vigas de cedro sobre las columnas. Apenas se franqueaba la puerta se entraba en un vasto patio cuadrangular, rodeado de arcadas. En medio se levantaba una masa arquitectónica octogonal. La cubrían varias cúpulas que se apretaban alrededor de un segundo piso, el cual soportaba una especie de rotonda, de donde emergía un cono de vértice curvado rematado por una bola. Ardían unos fuegos en cilindros de filigrana, adheridos a unos largos varales llevados por jóvenes sacerdotes. Estos resplandores oscilaban bajo las ráfagas de viento y enrojecían los peines de oro que sujetaban en la nuca sus cabellos trenzados.  Corrían y se llamaban unos a otros para recibir a los ancianos.

Sobre las losas, de trecho en trecho, estaban sentados, como esfinges,  dos viejos leones, símbolos del antiguo esplendor de Ezequías. Dormitaban con los párpados entreabiertos, pero despiertos por el ruido de pasos y de voces se levantaban pausadamente, se acercaban a los ancianos, a quienes reconocían por sus trajes; se frotaban contra sus piernas, enarcando el lomo con sonoros bostezos, cuyos hálitos velaban la luz de las antorchas.

La agitación se incrementó, se cerraban y abrían  puertas, todos los jóvenes sacerdotes se esfumaron y los ancianos se reunían bajo las columnas que formaban alrededor del antiguo palacio.

Todos eran sabios en disciplinas religiosas, expertos en profecías, implacables y ricos. Tenían el aspecto de estar fatigados por oscuras angustias. Sus ojos enardecidos miraban con desconfianza, y la costumbre de viajar y de mentir, del comercio y del mando, les daba un aspecto de astucia y de violencia, una especie de brutalidad discretamente contenida. Y, sobre todo, la influencia del dios Yahveh  los ensombrecía.

Rodeaban a Maher, lo felicitaban; parecían hermanos que volvieran a ver a su hermano:

-Ven Maher con nosotros, reunámonos como en los viejos tiempos!- le pedían, en estado beodo.  Sin embargo él los rechazaba, continuando su camino…

Habia pasado ya el Segundo Barrio cuando la voz estruendosa de Yahvé  exclamo dentro de su cabeza:

-¡“Me acercaré a ti  para el Juicio y llegaré a ser testigo veloz contra tus pecados!”-

-¡Vaya!- exclamó- después de 19 años sin haber escuchado la voz de Jehová, el Inmortal, ya era hora que me hablara a mí. Yo, hijo y hermano de profetas, jamás recibí la Voz del Señor, cuando a mi padre, mi madre, mi hermano, mi yerno y ahora hasta el esposo de mi nieta  oyeron continuamente las palabras de Dios.  Pero claro, yo fui destinado a los aspectos mundanos del mundo, no a los espirituales.

Pobre hombre, podía estar reducido al silencio, había sido un hombre inmundo, en medio de un pueblo antes santo, ahora también inmundo. Entonces Jehová de los ejércitos mandó súbitamente a uno de sus serafines, que voló hasta Maher, en su mano tenia una brasa relumbrante que habia tomado del altar celestial. Procedió a tocarle la boca y a decirle:

Mira! Esto te ha tocado tus labios y tus pecados se irán, serán perdonados

Maher lo entendió; portaba en sus dos animales los rollos y pergaminos más importantes del reino, para ser salvados. Era el registro  de los acontecimientos del Reino de Israel, el reino de Dios, recopilada por sacerdotes, secretarios y profetas desde los tiempos del rey Roboam hasta entonces,  cuatrocientos años de historia. Llevaba así mismo su propia obra, a la que le gustaba referirse como “La tumba del Rey Inmortal”.

Sin embargo, el nuevo soberano de Jerusalén, el inicuo Amón se proponía destruirlos. El hermano de Maher, el profeta Searjasub, le habia dicho, hacia 20 años que pasaría así, y que un profeta mayor incluso que el padre de ambos, pondría en orden a esos escritos para escribir así la Historia de Israel de forma correcta.  Su hermano le predijo, al conocer al joven sacerdote Hilquias, que este sería el padre del gran profeta, pero dirían de él: “Maldito el día en naciste! Maldito el hombre que llevó las buenas nuevas a tu padre, al decirle “¡Te ha nacido un varón!” También  su hermano  le indicó nombre que se le debía poner, llegado el momento, a ese  nuevo gran profeta.

Por casualidades de la vida, o no, al pasar el tiempo el levita Hilquias se habia casado con la única nieta de Maher, Ayeleth Hashajar,  y ahora habían tenido un varón. Por eso Maher se dirigía a la aldea de Ananot, donde vivían.

Su hermano Searjasub habia escrito sobre ese infante:

“Antes de  que  se forme en el vientre de mujer, Yahvéh decidirá sus genes y lo escogerá. Como
profeta para las naciones, ese niño verá la destrucción de ciudades, y no sentirá pesar. Y  tendrá que oír un alarido por la mañana y una señal de alarma a la hora del fin de Jerusalén…….,  entre naciones y reinos se alzará para arrancar y derribar, destruir y derribar, construir y plantar”.

Poco después de aquello, su  único hermano, el profeta Searjasub,  murió.

Maher meditaba en todo ello desde que salió de su casa en Jerusalén.

Quizás desde una ambigüedad de las cosas, frente a lo que supuestamente era verdad, hay un modo de proceder ajeno a la frustración al desengaño o a la desesperación. Maher ya no sabía si pensar en ello u olvidarlo todo, porque no era ni la muerte ni la vida lo que quería ya a su edad: era aquella otra cosa que brillaba en las profundidades de su nostalgia ¿Quién podría ayudarlo? Los demás, todos lo que lo habían conocido o amado, parecían que solo podían observarlo desde el Más allá, especular y esperar en vano. Y, al final, dejar que se alejara a la deriva, dejar que se convirtiera en destellos de luz que se desvanece en la nada.  Mientras, como si se hubiera roto de pronto la barrera entre el hombre racional y el animal irracional, sus animales comenzaron a discurrir:

-¿Sabes dónde nos dirigimos amigo Burro?- preguntó simpático asno

-No es función, a mi parecer, que las acémilas discurrir en el destino de su camino- respondió el burro.

-Burro Hermano! Te oigo hablar y sé que yo te respondo, y no puedo creerlo, pues me parece que hablar nosotros es algo sobrenatural!

-Es verdad, apreciado Asno, esto es un milagro, pues no solo hablamos, sino que somos coherentes en nuestros razonamientos.

-Bueno sea lo que sea, nosotros hablamos, sea milagro o no, que le cielo así lo ha dictado, que no hay razón ni sabiduría humana que pueda prevenir.

 -Y siendo así no sabiendo cuanto durara este portento; digo yo que podríamos aprovecharnos y hablemos toda la noche, sin dormirnos para no parar de darnos este gusto, que llevo hace años deseándolo.

-Así sea, estimado Burro, que esta tarde me cuentes toda tu vida, por los caminos que has pisado, tus amos y tus establos. Que es mejor hablar de uno mismo que de otros.

-Desde que tuve fuerzas para masticar paja tengo el deseo de hablar para decir tantas cosas que se depositaban en mi memoria, y allí las antiguas y tantas que se me olvidaban. Pero ahora que mi veo enriquecido con el don milagroso de habla, pienso gozarlo y aprovecharme de él todo lo que pueda, me daré prisa a decir todo aquello que me acuerdo.

-Yo también- le contestó el asno

 –Siempre, apreciado Asno, te he tenido un amigo leal y por eso quiero que empieces tú y que me cuentes tu desarrollo vital, aunque sea atropellada y confusamente, pues no sabemos cuándo volverá a suceder este portento milagroso, pues a ni parecer, señor Asno, que nuestro amo es quien decide nuestros caminos y hacia dónde vamos; así como la carga que trasportamos, que por cierto es muy ligera.

-Pues bien, comenzaré yo con mi vida- dice enternecido Asno- me parece que mis ojos vieron el sol por primera vez en una cuadra de Jericó……………[2].

ciudavid

El Ofel de la ciudad habia quedado atrás y el anciano Maher vio a un conocido, un zapatero que le suministraba el calzado y a gran parte de la servidumbre del rey.

-Salud hermano Jonatán

-Alabado señor Maher baaz-, dichoso los ojos que os ven.

Maher miro a los ojos del honrado hombre, hubiera querido contarle su huida, su carga valiosa, pero no tenia tiempo.

-¿Os fueron bien las últimas sandalias que os envié? Las tiras eran las mejores, las tajash, con cintas de las que pasan entre el dedo gordo y el segundo dedo, alrededor del talón y sobre la parte superior del pie.

-Ciento, son excelentes, como puedes ver. Le dijo Maher a modo de despedida. Jonatán, el zapatero vio como el viejo ministro se alejaba de él. Sabía que aquel hombre habia estado por algún tiempo en lugares distantes.

De una casa contigua sale un hombre corpulento llamado Zeleq, el herrero, al que siguen tres chiquillos muy espabilados. Interroga con la mirada al curtidor.

-Es el Sofer Maher- dice Jonatán- quizás no pueda y le resulte difícil de creer que le ocurrieron las cosas así; déjalo ir con los detalles de aquellos lejanos acontecimientos sin solución.

Con dolor, Maher oía gritos humanos, sabía lo que estaba pasando muy cerca de allí, en el palacio real: el nuevo rey Amón se disponía a disfrutar de su orgía de sacrificios humanos imbuido por las brujas sidonias. La asquerosa práctica prohibida por su padre Manasés hacía más de 20 años, habia resurgido con más fuerza que nunca en el nuevo reinado.  También Manasés lo habia practicado de joven, y como un espejo que se refleja con la distorsión del tiempo, la sangre de victimas golpeaba  en el corazón del pueblo fiel al Dios Verdadero.  Los gritos y aullidos de niños y niñas mientras se les clavaba el puñal en la yugular en honor del dios Molek, eran ahogados por los quejidos de placer orgásmico que sentían sus verdugos en las escalinatas del templo, esa corte del príncipe demoníaco, ex sacerdotes levitas, prostitutos ammonitas, viejas alcahuetas, sádicos asesinos, médiums babilónicos… en fin, mucha escoria humana.

Amón se habría corrompido unos años antes, por culpa de un joven sacerdote levita llamado Yosua, precisamente un representante de la religión verdadera que habia sido reinstaurada tras la conversión de Manasés al Único Dios.  Si, aunque el rey empezó a fortalecer a los sacerdotes, el Templo y la Torá, y expulsó a paganos y pronosticadores, el corazón del pueblo de Israel estaba ya demasiado podrido,  pues hasta un levita habia caído en las garras del Demonio.

-¿Cómo te llamas preciosa corderita?- preguntaba ebrio el rey Amón a una asustada niña preparada para el sacrificio.

-Elesamá- respondía temblorosa.

-Traédmela al cuartillo – ordena a los soldados.

 

Nunca mayor inquietud se vio en la muerte;

Ni frío más glacial que el de esa mano

Que alargas al expirar, en vano!

Y que cae en las sabanas, inerte

Ah! Yo estaba allí! Aciaga suerte,

No quiere que en el trance soberano.

Cuando entrabas en el hondo arcano,

Yo pudiera estrecharte niña… y salvarte!

Al llegar, le atraerán sus despojos;

Maldito rey,

Que coge la mano infantil, breve

Y la junta a sus labios y a sus ojos!

El rey Amón era una autentico apóstata depravado, en su última entrevista con Maher, unas semanas antes, se lo había dejado claro:

-¿Por qué he  de tener Fe, por qué he de seguir al Dios? ¿Crees de verdad que Manasés, mi padre, se arrepintió sinceramente y volvió a la fe del Dios? Tú fuiste su mejor amigo, y por eso te respeto la vida. Pero tú sabes que Jehová es  el último dios que llegó a la Tierra, posiblemente el ser más malvado, el personaje más desagradable, sea mito, leyenda o creencia que el hombre haya podido concebir.  Yahvéh el celoso y orgulloso de serlo, un mezquino, injusto, implacable enloquecido, fuera de control, un vengativo limpiador étnico, sediento de sangre, un misógino, homófobo, racista, infanticida, genocida, dictador, repartidor de plagas, megalómano, sadomasoquista, caprichoso…. Dios Justiciero!

El final de la vida de Maher estaba siendo  purificador  y épico a la vez; tenía 84 años y se sentía como vigorizado.

Por fin Maher llegó a la Puerta del Pescado, al Norte de la ciudad partía el camino hacia Ananot, a unas pocas millas. La Puerta de Pescado era una de las 12 Puertas de Jerusalén. Al hablar de las entradas de Jerusalén, debe recordarse que la ciudad ha ido creciendo y extendiéndose después que David la conquistó; de modo que se construyeron varios muros nuevos o se ampliaron los ya existentes. La puerta del Pescado pertenecía a las del  viejo muro construido hacía  unos tres siglos,  que rodeaban el Segundo Barrio, cuyo muro fue reconstruido por Ezequías después.

Maher salió de la ciudad, saludado por los soldados de la Puerta que lo reconocieron. Se dirigió por el nordeste hacia la aldea de  Ananot, a solo tres millas y media de Jerusalén. Era curioso que se  hubiese mantenido el nombre de la ubicación cananea: Anat había sido la diosa del sexo y de la guerra, hermana y esposa a la vez del dios Baal; de hecho su santuario principal estaba en Anannot, de ahí su nombre. Y aunque había sido violada por  su hermano Baal, ella retenía su título de “Virgen”. En su faceta de diosa de la guerra, se la representaba como sedienta de sangre; los hebreos habían destruido muchas de esas imágenes, aunque no todas. ¿Y ese era el lugar que Jehová había escogido para que naciera el “gran profeta” de esa época? La diosa Anat también había matado a Mot, el dios del calor y de la sequía, para que se produjera la resurrección de Baal a una nueva vida antes del comienzo de cada estación de lluvias en el otoño.

Al fin llegó a Ananot  y se dirigió a la cabaña de Hilquias. Allí estaba el bebe, el futuro “gran Profeta”. Su nieta le recibió y le abrazó con cariño. Ah! si ella supiera que por sus venas corría sangre babilónica, de aquella princesa que  tanto había amado, pero no,  guardaría el secreto y se lo llevaría a la tumba, el Levita Hilquias no lo toleraría y se divorciaría de ella.

-Maestro-   dijo Hilquias, una vez que habían hecho los saludos pertinentes-¿Cómo ha de llamarse el Niño?

Jeremías, ese ha de ser su nombre-  respondió Maher con solemnidad. Se quedó callado sin decir nada más; tenia  gastados los huesos del gemir interior. Día y noche la pesada mano de Dios estaba sobre él. La humedad de su vida ha cambiado por el calor seco del verano. Quizás lo mejor sería que matara al bebe esta noche,  pues su destino sería  convertirse en el mayor embaucador  del mundo.  Maher vislumbraba que manipularía toda la verdadera historia, reescribiéndola con mentiras sobre el papel de Yahvé. Jeremías…no podía maldecirlo, sin embargo.

A continuación su nieta dispuso la cena, se sentaron en las banquetas Hilquias y el anciano. Se sirvió el matzá, el pan  ácimo de cebada, seguramente molido aquel mismo día entre dos muelas de piedra por Ayeleth hash, su nieta, que permanecía de pie con respeto y silencio como era debido en una mujer de levita. Hilquias se podía permitir, parece ser, un buen vino, porque  hizo servir abundante  Syrah, aquel caldo denso, con cuerpo, con un breve añejamiento de una graduación alcohólica de 14 grados tan apreciado por los sacerdotes de Jehovah

-¿Cómo andan las cosas  por Jerusalen, señor?- preguntaba retóricamente Hilquias.

-Espero que nuestro nuevo rey  siga respetando vuestro Servicio.-respondía

– Si, yo también, la semana que viene me incorporaré al servicio del templo y durante 15 días daré mi servició sagrado al Señor.

– ¿A si? Según recuerdo eras uno de responsables de verificar todas las pesas y medidas.

– Es verdad, mi señor,  hay que estar muy alerta con los cambistas  legales que trabajan en el templo vendiendo a los peregrinos el dinero “puro” para sus diezmos y revendedores de ganado que venden los animales para el sacrificio.

– ¿Llevas muchos años en este servicio, verdad?

En ese momento, la nieta, su esposa, trajo humeante el cordero pascual. Sin duda el animal estaría recién sacrificado de acuerdo con los ritos que indicaban la Ley.

En medio de la mesa colocó la fuente con el cordero. El borde de la fuente tenía ajos todo alrededor. A su lado había un plato con el pan ácimo, matzá,  y al lado otro plato de hierbas verdes, apretadas, puestas de pie como si estuvieran plantadas, y otro con manojitos de hierbas amargas que parecían hierbas aromáticas; luego, delante, había una fuente con  la hierba verdeamarillenta, y otra con una salsa parduzca.  Utilizaron como platos unos panecillos redondos, y  cuchillos de hueso para trinchar la carne.

 Hilquias le exponía sus perspectivas en la carrera sacerdotal, parece que el  Syrah estaba haciendo su efecto en su lengua, normalmente cicatera:

-Llevo muchos años-dijo-  en el servicio de las Pesas y Medidas.  Y pronto ascenderé a ayudante de  sacerdote  aarónico[3], sirviendo en las ceremonias de purificación. Estar a cargo del pan sagrado que se coloca sobre la mesa, de la harina selecta para las ofrendas de grano, de las obleas preparadas sin levadura, de los panes cocidos en aceite de oliva y de los demás panes…. -Hilquias estaba entusiasmado y orgulloso- Además, cada mañana y cada tarde me presentaré delante del Señor para entonarle canciones de agradecimiento y alabanza…!

-Oh padre Maher, se acercan maravillosos acontecimientos donde nuestro grandioso Templo volverá a  resplandecer como en los tiempos de Salomón.

-¿De Salomón dices, Hilquias?- preguntó Maher socarronamente- Querrás decir como en los tiempos de Ezequías, qué fue quien lo dedicó al dios de Israel, Jehovah. Tú eres un sacerdote de Dios y deberías saberlo

-No- afirmó Hilquias- todo el mundo sabe que Ezequías solo reformó el templo originario.

-Yo nací cinco años después de ser inaugurado. El templo de Jehovah, como lo conocemos hoy, fue comenzado por Jotán, el abuelo de Ezequías y su construcción duró unos 20 años.

-No digas eso, según tú nuestro templo tendría entonces solo unos 80 años y no 300 como afirmamos todos los creyentes en Yahveh, quien mandó a Salomón que le erigiera su Casa ¿Es que acaso lo niegas?

-Escúchame bien Hilquias, tengo todas las crónicas de los reyes desde Roboam. Allí está todo descrito con detalle, su padre, el faraón Shoshenq I, a quien vosotros  habéis bautizado ahora como “Salomón”, efectivamente construyó un Santuario en el monte Moría, donde antes ya había un pequeño templo jebuseo, el pueblo que habitaba estas tierras. El Santuario fue diseñado por un arquitecto egipcio que habia participado anteriormente en la construcción del gran templo de Karnak, en Tebas, por lo que pudo reproducir algunos rasgos arquitectónicos de aquel. El Santuario fue dedicado a Amon-Ra, el dios de Egipto.  Pero a lo largo de los siglos en aquel santuario fueron adorados todos los dioses de los cielos, desde Baal, el padre de los dioses, su esposa Asera, Astoret la diosa de la fertilidad de la tierra, Dagón el dios-pez filisteo y Hadad, el dios de las lluvias, entre otros. Hasta que finalmente Ezequías decidió dedicarlo a Jehovah[4].

-Oh, padre, no digas tantas impiedades- Hilquias temía faltarle al respeto al anciano, pero detestaba lo que decía.

-Nahúm y sus acólitos te han persuadido de lo contrario. Pero él sabe cómo yo que  fue gracias a la llegada masiva los refugiados del reino del norte, cuando los asirios conquistaron Samaria, que hubo mano de obra abundante para la construcción del Templo de Ezequías.

-Yo también he leído la crónica del rey Roboam, ¿es que acaso niegas que fue hijo de Salomón, el gran rey?- Insistía Hilquias

– Eso es cierto…en parte,  cuando Shoshenq (Salomón) murió, en Egipto le sucedió el hijo de su esposa principal, su hermana, el faraón Osorkon, pero nombró al hijo que tuvo con su concubina cananea Naamah, rey de este país, ese fue Roboam.

Hilquias callaba, no podía permitir aquella última blasfemia, que los reyes de Judá, los reyes ungidos por Jehová fuesen, en realidad, egipcios. Pero la nieta de Maher le miró, como si tácitamente comprendiera toda  su explicación.

Maher estaba cansado de intentar convencer al ferviente devoto de dios.

Como la cena daba a su fin,  Hilquias permitió que Ayeleth se sentara con los varones y terminaron de comer.

Finalmente, Maher pudo retirarse a su habitación; su propósito principal que aquella visita, manifestar el nombre del bebé, habia sido cumplido.

baixa

Maher supo en cuanto entró en aquella acogedora habitación que su tiempo en este mundo estaba terminado; en menos de cinco días se pararía su corazón, quizás aquella misma noche. Pero estaba satisfecho. La muerte. A todos nos llega. Tarde o temprano. Ricos o pobres. Creyentes o impíos. A todos. Sin excepción.

Para los incrédulos es relativamente fácil hablar sobre la muerte, no  resultaba un problema. Maher era muy  consciente de que la muerte era algo completamente natural, que es lo opuesto al nacimiento y es casi como una función fisiológica más. Es algo inevitable e irremediable.

Además,  había llegado a la conclusión   que al morir hay muy pocas posibilidades que exista una especie de vida posterior o un más allá. No existía absolutamente ninguna evidencia seria de que exista algo más al terminar esta vida.

¿Qué nos diferencia del resto de las formas de vida que hay en la tierra?-  Explicaba a veces Maher a quien fuera digno de confianza- ¿Que nos diferencia del pájaro que canta en la mañana o del gato que maúlla a lo lejos? Todos tenemos piel, miembros, ojos, corazón y funciones fisiológicas similares. ¿Qué nos hace a nosotros diferentes a ellos? El aire de vida se da a todos en  igual medida. ¿Qué nos hace pensar que nosotros nos merecemos una vida después de morir y ellos no? Al fin y al cabo tu existencia humana es solo un payaso con dos caras complementaria, una de tus caras se llama Vida y la otra Muerte; este Payaso que es tu existencia, siempre está haciéndote reír y llorar, llorar y reír; pretende seducirte constantemente con mil sueños y promesas; pero finalmente te desengaña con su segundo rostro, la Muerte, que te libra de todos tus problemas y ambiciones.

Sí, es cierto que algunos mueren demasiado pronto…pero otros demasiado tarde! Maher habia  visto siempre ese axioma, la muerte sorprendía  siempre a la gente que esperaban y esperaban. En cambio él moriría justo en su momento, ya que se habia realizado completamente, y recibiría a la muerte de forma victoriosa.

En aquel estado de inspiración y arrobamiento, sus postreras horas de vida, Maher se puso a escribir, su último texto, su última poesía.  Tras unas dos horas bajo la lámpara de aceite habia redactado unos versillos que tituló “LA MUERTE Y EL ALBOROZO”. Era muy apropiado en el estado en que se encontraba, era inmensamente  feliz. Dejó el texto sobre la pequeña mesa, apagó la lámpara y se recostó sobre el humilde lecho que su nieta le habia preparado, duro como a él le gustaba y cerró los ojos:

“Y ahora tengo que dormir, y  que mis sueños me lleven otra vez al Gran Templo de Nínive… otra vez, y volver a ver a aquella mujer, quizás por última vez, tan radiante como aquel día, tan magnifica. Es el profundo dolor emocional que me he causado yo mismo por mis graves pecados cometidos hacia cincuenta años atrás….”

Maher-has-baaz volvía a recordar a su princesa babilonia, aunque habían pasado muchos años, su conexión era evidente.  Todos los existencialistas saben de la importancia de la acción individual apasionada al decidir sobre la moral y la verdad. Han insistido, por tanto, en la comprensión de una situación por parte de alguien que está comprometido en esa situación es más elevada que la del observador indiferente, objetivo.

“Cansado estoy de este amargo reposo,-se decía-huí antaño de la infancia adorable  y de los bosques de rosas bajo azul natural donde estabas tú. Cansado siete veces del exigente pacto de intentar conseguir tu amor.

Me despierto…………..

Me despierto……… de estas pesadillas, pesadillas  con duendes que me dicen: “Estás soñando continuamente. Lo único que es diferente entre los sueños que tienes cuando duermes y los que tienes cuando estás despierto es la forma que adoptan y eso es todo. Su contenido es el mismo. El espíritu santo, no obstante, aprovecha también el tiempo que pasas durmiendo, y puede, si se lo permites, utilizar los sueños que tienes mientras duermes para ayudarte a despertar

Me despierto……..

Me despierto…………  No quiero despertarme!!”

Para Maher los sueños eran desahogos emocionales en el nivel de la percepción Sus sueños eran caóticos porque estaban regidos por  deseos conflictivos Y mientras los vivió no dudó de que eran reales. Mas he ahí un mundo que, aunque claramente sólo existe en su mente, parece estar afuera. No reaccionó ante él como si  lo hubiese construido, ni se da cuenta de que las emociones que el sueño suscita no pueden sino proceder de él. Los personajes del sueño y sus acciones parecen dar lugar al sueño. No se da cuenta de que es él el que los hace actuar, sin la culpa  recaiga sobre ellos, y la ilusión de satisfacción desaparezca.

Maher, el hijo del profeta Isaías, que fuera gran amigo del rey Manasés, cuyo nombre asirio era Ahikar, el que habia llegado a  ministro de Asurbanipal en Nínive, regresa en sueños a sus recuerdos infantiles con mucha intensidad, sus ojos de niño  todavía  parecen ver aquel ejército de Ezequías desfilando por las calles de Jerusalen, sus  corazas refulgían con los rayos del sol y su vista se cegaba ante aquel espectáculo…. 70 años atrás…

NOTAS

[1]  22 de Junio del año 642 aC,  la cronología se computaba por el año del reinado. Amón, fue  rey de Judá entre 643 y 640 AC.

[2] ¿Qué  pasa, estimado lector, es que nunca has intuido que los animales hablan entre si?

[3] Los sacerdotes de la línea de Aarón eran los que principalmente tenían el privilegio de explicar la ley de Dios y desempeñaban un papel importante en juzgar a Israel. Los deberes sacerdotales en el Templo de Jerusalen eran los siguientes: degollar los sacrificios que llevaba el pueblo, rociar la sangre sobre el altar, cortar en pedazos los sacrificios, mantener ardiendo el fuego del altar, cocer la carne y recibir todas las otras ofrendas.

[4] Immanuel Velikovsky, 1950, Worlds in Collision.

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