LA TUMBA DEL REY – INTRODUCCIÓN

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   Según el eminente editor y semiólogo Jacopo Belbo,  Ahikar de Nínive es el nombre que tuvo que adoptar el judío Maherhasbaaz al establecerse en la administración de los reyes de Asiria. (Cosa credono quelli che non credono?, 1988).  La historia  y pensamientos de  Ahikar fueron redactados primero en arameo. La redacción aramea es del siglo VI a.C., pues es conocida por los judíos de la colonia de Elefantina (Alto Egipto). Con todo, muchas de sus sentencias aparecen ya en los textos asirios del siglo VII a.C. en la biblioteca cuneiforme de Asurbanipal (British Museum, tablillas K02039 y K04351). El número de sentencias atribuidas a Maherhasbaaz  o Ahikar se fue aumentando, y así, en la versión siríaca masorética aparece más voluminosa. Sin embargo, a nuestros días han llegado  nueve manuscritos, cuando muy posiblemente debió haber muchos más, puesto que se observan lagunas cronológicas entre unos y otros.  El texto original de la historia y sabiduría de Maher/Ahikar se ha perdido  debido, en parte, a la prominencia de su “padre”, el profeta Isaías, y sólo la conocemos por las traducciones, que añaden retoques. La versión Peshitta del siglo II es la más importante y se basa en el arameo original. Las otras traducciones dependen de la Siríaca, que aparece en muchos textos nestorianos. En la famosa obra “Las mil y una noches” aparecen sentencias de Ahikar a través de una traducción árabe, que, a su vez, depende de la siríaca. La versión armenia depende también de la siríaca. Tiene algunas sentencias nuevas que no están en la versión siríaca ni en la árabe; en las versiones griegas  antiguas se menciona a  Maher-has-Baaz siempre junto a su padre Isaías en diversos capítulos de su texto canónico ( Isaías 1,21.22; 2,10; 11,17.18; 14,10; 14,15). En estos textos aparecen los nombres de Yeschayáhu (Isaías) y Milhamáh-ísch (Maherhasbaaz). Todo ello es prueba de que Maherhasbaaz y Ahikar son la misma persona, con dos nombres, dependiendo si es una traducción judía o es de origen asiria.

Incendio del templo por los babilonios

La narración de la parte central de la historia se expande en gran medida por la presencia de un gran número de dichos  y proverbios del sabio Ahikar, que se muestran en un contexto de charla con su sobrino, Tobiah. Un gran número de estudiosos sospecha que estos pensamientos o  poemas eran originalmente un documento separado, ya que en ellos no se menciona a Ahikar. Algunos de los dichos son similares a algunas partes del libro bíblico del Antiguo Testamento de Eclesiastés, otros al deuterocanónico “Libro de la Sabiduría de Yesua, hijo de Sirac”, y otros sin embargo a los proverbios babilónicos y persas. La colección de refranes es, en esencia, una selección de aquellos que son comunes en Oriente Próximo en la época.

Una antigua obra árabe, conocida como Kitab al-Magall o el Libro de los Rollos, del siglo IX (que forma parte de la Literatura Clementina), señala que  Isaías estableció un culto al fuego, y promovió la idolatría (creemos que es una transliteración  incorrecta, al confundir a Isaías con su hijo Maher)  También dice que se hizo correr el rumor de que la corona que el rey Ezequías empleaba había descendido del cielo. Mientras que en otra de las Literaturas Clementinas, las Homilías (H 9.4-6),  es identificado como Zoroastro

En la obra apócrifa “Cueva de los Tesoros” del siglo IV dC, Ahikar es identificado como canciller de Asurbanipal, incluso es señalado en los escritos del historiador griego Ctesias como gobernador de Babilonia. (Götze, A., Die Schatzköle, 1, Traducción, Leipzig 1883, texto siriaco y versión árabe).

En lengua  Ge’ez (idioma  extinto que se hablaba en la antigüedad en el Reino de Aksum, en el norte de la actual Etiopía)  tenemos un escrito titulado “El conflicto de Adán y Eva con Satanás” (siglo V dC) que contiene un dialogo muy similar al  que mantiene Maher con Dios en el manuscrito octavo de la presente obra.

Estas tradiciones aparecen por primera vez en los escritos del Pseudo-Philo (Van Der Toorn y Van Der Horst 1990, p. 19), continúa en el Talmud y va a través de escritos rabínicos de los siglos XIII y XIV, y aún en nuestros días, rabinos contemporáneos siguen añadiendo a estas tradiciones. En general, estas versiones presentan a Ahikar como un hombre opuesto a Dios. Algunas señalan que se autoproclamó un impío y que fue seguido por muchos discípulos. En algunos  textos medievales su leyenda se entremezcla con la de Anaxágoras de Clazomene, el  filósofo presocrático que introdujo la noción del νοῦς (mente o pensamiento) como elemento fundamental de su concepción filosófica. Al fin y al cabo toda referencia es discutible y puede ser inventada, ¿Quién va a comprobarlas? “Para cada suceso mínimamente complejo existe una explicación errónea y fácil de entender, pero no siempre resulta fácil justificar dónde reside el error… y es un buen pasatiempo tratar de localizarlo.” (Il pendolo di Foucault, U. Eco, 1988). La Tumba de Rey puede ser considerado  un libro  antiiniciático y antiesotérico, debido a los matices melodramáticos  de la trama.

Como ultima curiosidad bibliográfica,  mencionaremos las crónicas medievales húngaras tituladas Gesta Hunnorum et Hungarorum, donde se dice que  los ancestros de los hunos y los húngaros, (Hunor y Magor, respectivamente) eran dos gemelos hijos de Menrot (hijo de Tana) y Eneth. En algunas de las diferentes versiones de esta leyenda (Gesta Hungarorum, Chronicon Pictum), se refieren a Menrot como Senaquerib, el hijo de Sargón, “el rey sabio y justo” de la “maravillosamente hermosa y próspera ciudad de Nínive”) y Atila el Huno es mencionado como hijo de Mundzuk, nieto del gran Sargón el rey de los hunos, asirios, godos y daneses, “el Terror del Mundo, el Castigo de Dios”. Haik, el fundador de Armenia, venció y mató a Sargón en una batalla cerca del Lago Van.  Bueno… dado que Sargón reinó en los albores del siglo VIII antes de Cristo, y Atila vivió  unos 1200 después, es imposible que sea su bisnieto. Pero las leyendas son las leyendas…

Como se ve,  hay numerosa bibliografía laica  de la vida de Ahikar; sin embargo ¿qué sabemos por la Biblia de  la existencia de  Maher-has-baaz? ¿Existió un hombre así?

Bueno, escuetamente nos informa, y nos dice en Isaías, capitulo 8  que Jehová se aparece al profeta Isaías y le dice: “Toma para ti una tabla grande y escribe sobre ella con estilo de hombre mortal: ‘Maher-salal-has-baz’. Llamarás así a tu hijo, porque su nombre es profético de desolación”  Esto es lo único que la Biblia dice sobre nuestro hombre, solo su nacimiento, omite toda su vida.

Sin embargo, su autobiografía es una paráfrasis de relatos de la Biblia sin que podamos saber qué fue primero; los libros canónicos  “inspirados”, los mitos universales antiguos o la invención biográfica de Maherhasbaaz. Creo sinceramente que en los tres casos una verdad prevalece: son las mismas historias contadas desde tres puntos de vista. Porque hay que recordar que la Biblia, tal como la conocemos hoy en día, fue “inventada” por el profeta Jeremías y el rey Josías posteriormente a Maher.  Cambiaron toda la verdadera historia, reescribiéndola con una carga supremacista del Pueblo elegido Judío que, gracias a su continuación con el Cristianismo, durará siglos y muertos por millones, llegando a nuestros días.

El Sabio rey Salomón ya preguntó hace tres mil años “¿Existe cosa alguna de la cual se pueda decir: Mira esto; es nuevo? No, pues ya ha tenido existencia por tiempo indefinido; lo que ha venido a la existencia es desde tiempo anterior a nosotros”.

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La fecha de inicio del relato, así como todas las demás, son aproximadas  e inseguras, teniendo en cuenta que no existe, hasta el día de hoy,  la cronología totalmente exacta y tácitamente aceptada, para toda esta esta época antigua. De todos los documentos históricos que han llegado hasta nuestros días coexisten  divergencias cronológicas.  En todo caso, se citan tan abundantemente para tener un hilo conductor;  y hay que tener en cuenta que si están basadas en profusos estudios, por lo que  cada fecha dada en el relato tendría una horquilla máxima de 10 años arriba o abajo.       Salvando las distancias, me he visto en circunstancias parecidas a Herodoto, el padre de la Historia.  Para escribir sus obras, Herodoto  recurrió a fuentes tradicionales o legendarias. Por ello, cuando las menciona, casi siempre alude  de forma indefinida («según los persas…», «a decir de los griegos…»; «los egipcios dicen… los libios, en cambio, sostienen… etc…»). Del carácter parcial y poco fiable de sus fuentes era consciente el propio autor, que escribió:

«Me veo en el deber de referir lo que se me cuenta, pero no a creérmelo todo a rajatabla; Esta afirmación es aplicable a la totalidad de mi obra». (Historiae, LibroVII, 151, 3).

Las incoherencias de  redacción del texto, ya sean gramaticales, de tiempos verbales, los saltos sin sentido, giros desordenados del  tiempo, cronologías contradictorias,  oximorones modernos, metáforas y pleonasmos en metraje y pensamientos que no vienen al caso, etc…parece claro  que estuvieron hechos a propósito  para propagar un texto obscuro, son totalmente deliberados y obligados que   denotan cierta incertidumbre por parte del autor. Aviso al lector: se caracteriza por su lenguaje complicado, pero detrás de todas esas palabras de la tragicomedia bíblica,  hay una historia muy interesante, con muchas cosas para aprender y una vez vas por la mitad del libro no puedes parar.

Si, en efecto, no hay un verdadero recuerdo de la gente de tiempos pasados; tampoco lo habrá de los que también llegarán a ser más tarde. La mayoría de los filósofos desde Platón ha mantenido que el bien ético más elevado es el mismo para todos: en la medida en que uno se acerca a la perfección moral, se parece a los demás individuos perfectos en el plano moral. El filósofo danés del siglo XIX, Sören Kierkegaard, el primer  existencialista, reaccionó contra esta tradición al insistir en que el bien más elevado para el individuo es encontrar su propia y única vocación. Pero Ahikar/Maher ya evocó esta idea existencialista al escribir: “Tengo que encontrar una verdad que sea verdadera para mí… la idea por la que pueda vivir o morir, renunciar  al Arte voraz de un cruel país: Asiria!”

 

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