SEXO EN EL TRICLINUM

ESCENA 6

Escena nº 6 del vestíbulo de las termas de Porta Marina, en Nápoles

Escena en se  observa a un trío sexual en el típico triclinum (diván) romano, en el que una mujer es penetrada por un hombre que a su vez es penetrado por otro varón.           En la literatura romana  encontramos descrita una escena semejante tal como se ha representado aquí:

“Oh cosa ridícula, Catón, y divertida                                                                                                                    y digna de los oídos y de tu carcajada.

Ríe todo lo que amas, Catón, a Catulo:

cosa es ridícula y por demás divertida.

Sorprendí  a un chiquillo que a una chica

meneaba; entonces a él yo, si place a Dione,

con mi pértiga rígida, lo abatí.”(Catulo, Poemas, Carmina LVI)

 

Para los romanos, el deseo  homosexual no está mal considerado como tal. En los parámetros a través de los cuales se interpretan en la actualidad la homosexualidad masculina en la Roma clásica,  la relación sexual entre dos hombres se considera ligada a las relaciones entre hombres libres y esclavos, para cumplir exclusivamente una función de placer. Por eso, el deseo sexual hacia un joven cuerpo masculino se entiende perfectamente y es aceptado, siempre que busque satisfacerse con un esclavo o un liberto.

Sin embargo, aunque en esta escena el personaje de en medio esté actuando activamente respecto a la hembra, su  situación causaría perplejidad y rechazo en la sociedad. Porque hay un detalle  importante que señala el historiador J. Clarke (Sexo en Roma): el hombre de en medio, no es un púber, según la costumbre aceptada, sino un hombre adulto igual que el que le está penetrando, lo cual significaría que era un  “cinaedus”, un pasivo, y era considerado un depravado. Por lo tanto, esta representación sería contradictoria y hasta hostil  para la mente del  romano del siglo I d.C. sino fuera porque está situada en las Termas y forma parte del conjunto licencioso.

El rechazo  homosexual no sería por una cuestión de sexo, sino de estatus social. Lo que se rechaza es que tenga por objeto un ciudadano de condición libre, sea joven o adulto. Desde este punto de vista, esta práctica sexual constituye para los romanos stuprum y en tanto que puede afectar a la integridad de un cuerpo masculino libre, se considera altamente deshonrosa. La existencia de crimen no reside en la cuestión sexual, sino que se trata de una perspectiva de tipo social, ya que el amor masculino sólo se tiene entre un hombre libre y un esclavo o un liberto, pero no entre dos “ciudadanos”, he ahí la diferencia principal. La sociedad romana sacraliza, de este modo, el cuerpo del hombre libre y todo intento de violar su integridad física constituye una acción de infamia que prohíbe el acceso a la masculinidad adulta. Esta concepción de objeto sexual activo o pasivo que caracteriza la actividad sexual revela la idea que los romanos tienen de la masculinidad, tal como escribió Séneca, el Mayor, a principios del siglo I d.C.:

“Recuerdo cuando era un liberto de la defensa del acusado, a quien planteó en contra de ellos, que había sido la concubina del patrón, y luego dijo: La “impudicitia” en un hombre libre es un crimen, en un esclavo es un deber, en un liberto es un servicio.”

(Controversiae, liber IV, frag.10)

 

 

 

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